Un repaso a la historia, vida y tradiciones de nuestros antepasados.

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21 de febrero de 2021

Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal (1828)

Sebastián de Miñano y Bedoya, escritor, periodista, geógrafo y político, nació en Becerril de Campos (Palencia) en 1779 en el seno de una familia hidalga de orígenes navarros. Estudió leyes en la universidad de Salamanca encaminando su formación al mundo del derecho en el que habían ejercido también su padre y abuelo.

Sin dar muchos detalles sobre su vida por no ser objeto de este artículo, podemos definirla como la de uno de los muchos intelectuales de su época a caballo entre dos mundos. Acusados de afrancesados, liberales, protestantes o masones; las idas y venidas al exilio son una constante en muchos de estos individuos al vaivén de los cambios políticos.

Un mundo que se debatía entre el Antiguo Régimen, que si bien había caído abruptamente en Francia, en España todavía se resistía a ceder el testigo a los nuevos grupos sociales que reclamaban cambios en los ámbitos sociales, religiosos, políticos, económicos o culturales. En el lado contrario se encontraba el liberalismo que, con la mirada puesta en Francia y su revolución burguesa, ansiaba esos cambios para España. Muchos de estos liberales aprovecharon la ocasión presentada por la ocupación francesa y la proclamación de José I Bonaparte como nuevo rey para arrancar su nuevo proyecto de país, serán conocidos como afrancesados, entre los cuales estará Sebastián Miñano. La ocupación por las tropas napoleónicas le coge en Sevilla junto con su padre Andrés, y aunque en un primer momento se une a la causa nacional, no tardará en colaborar con los invasores. Esta colaboración le conducirá al exilio en Francia tras la derrota de las tropas napoleónicas.

De regreso a España en 1816, inicia su carrera como escritor con varias obras y colaboraciones en publicaciones del momento destacándose durante el denominado Trienio Liberal (1820-23). La invasión de un nuevo ejército francés, esta vez de signo opuesto al de 1807, restablecía el absolutismo de Fernando VII y mandaba de nuevo a Sebastián Miñano al exilio francés. Al año siguiente logra permiso para regresar a España prosiguiendo su labor como escritor y adentrándose en la de geógrafo. Desengañado con ciertos sectores liberales, pasó a colaborar con el régimen absolutista durante esos años, especialmente en las relaciones diplomáticas con Francia, obteniendo dos de las mayores distinciones de ambos países, la Legión de Honor francesa y la Orden de Carlos III española. Esta última colaboración le acarreará el exilio definitivo con el triunfo del liberalismo a la muerte de Fernando VII. Sebastián Miñano fallecería en Bayona en febrero de 1846.

En 1826 comienza la publicación de la gran obra por la que es más conocido, el Diccionario geográfico y estadístico de España y Portugal. Serán 11 volúmenes que incluyen todas los territorios, provincias y municipios ordenados alfabéticamente y publicados durante tres años que le valdrán un asiento en la Real Academia de la Historia y la dirección del gabinete geográfico de la Secretaría de Estado. 

Tomo IX (Madrid, 1828)

Así en el Tomo VII entre las páginas 321 y 324 se describe ampliamente La Rioja, no como la provincia que acababa de perder tal condición en 1823 tras una fugaz existencia de apenas un año, sino como espacio geográfico con unos límites naturales perfectamente reconocibles que se definen con exhaustividad. A continuación se describen los siete ríos afluentes del Ebro que vertebran el territorio con sus respectivos valles siguiendo una orientación aproximada Sur-Norte. Se dice de La Rioja que: “es país ameno y delicioso, abundante de toda clase de frutos, sin necesidad de que lleven ningunos de fuera, más antes surte a los pueblos inmediatos, singulamente a las provincias vascongadas…Produce muchos granos y vino; poco, pero exquisito aceite; mucho ganado lanar fino; caza y pesca de los ríos Ebro, Neila, Tirón, Oja, Iregua y otros de menos consideracíon. Su industria consiste en fábricas de aguardiente,  paños finos y ordinarios, lienzos de lino y cáñamo, curtidos y loza….Su población excede de 220.000 habitantes…comprenden 430 pueblos en una superficie de 270 leguas cuadradas.

Y define a los riojanos como “robustos y laboriosos, muy dedicados a la agricultura, particularmente a la labranza de las viñas, y muy adictos al servicio de las armas, tanto los nobles como los plebeyos; y las mujeres airosas, llenas de gracia, y muy hacendosas en sus respectivos ministerios”.






Entre las páginas 27 y 28 del Tomo IX podemos encontrar la entrada correspondiente a Torrecilla tal y como sigue, en la que hemos adaptado la ortografía, puntuación y abreviaturas para facilitar la lectura.


TORRECILLA DE CAMEROS, V(illa).R. de España, provincia de Soria, partido de Logroño, obispado de Calahorra, ayuntamiento municipal. 431 vecinos, 1782 habitantes, 3 parroquias unidas. A la principal de tres naves la adorna su elevada torre de bella arquitectura. Un convento de San Francisco, un santuario de Nuestra Señora de Tómalos a distancia de un cuarto de legua. Varias ermitas, un hospicio para pobres, un lavadero de lanas con esquileo, prados y demás oficinas necesarias, dos posadas y muy buenas casas, administración subalterna de correos y loterías. Hay mercado en todos los lunes. Su situación, en la falda, al Sur del monte y puerto llamado del Serradero. Divide la población en dos barrios el río Iregua con puente de Norte a Sur, de un ojo extraordinario por su magnitud. Está el pueblo circundado de montañas muy extrañas y elevadas, formando una vista sumamente agradable. Tiene montes muy frondosos y abundantes de pastos para todo género de ganado, con caza mayor y menor. Confina por el Este con Viguera, por el Oeste con Nieva, por el Norte con Nestares, y por el Sur con Almarza. Disfruta de clima muy sano. Sus productos naturales son robles, hayas, encinas, avellanos y otros arbustos. Jazmines en abundancia, fresas en los montes tan exquisitas como las de los jardines. Infinidad de hierbas medicinales, entre ellas la salvia. Toda especie de frutas muy sabrosas, con la particularidad que hay trece clases de ciruelas. Ensaladas y legumbres, plantío de nogales, grandes choperas en las márgenes del río. Se siembra todo género de granos, aun en lo más elevado de los cerros; pero su cosecha no es suficiente para mantener los habitantes.

Industria: el genio de estos es inclinado al comercio y muchos se hallan establecidos en la Corte y grandes poblaciones de la Península. En tiempos atrás había varias cabañas y sólo ha quedado ya una casa con merinas. La industria se fomenta cada día más en la fábrica de paños. En tres años, poco más, se han establecido cinco máquinas para su elaboración en las que se emplean bastantes artesanos del pueblo y tres molinos harineros. Es muy abundante en aguas naturales, de las mejores que se conocen en España. Hay cuatro fuentes públicas dentro de la población, y a sus inmediaciones se encuentran más de ciento. Con el agua de una de ellas, conocida con el nombre de Río de San Pedro, andan dos de dichas máquinas y seis batanes. Además hay una llamada Rivalosbaños que sus aguas son termales, y es hijuela de los baños de Arnedillo y Fitero. Sus aguas se beben y causan muy buenos efectos en varias enfermedades de estómago, y en particular, en el mal de orina. El río Iregua, que abunda en sabrosas truchas, anguilas y otros peces, nace al pié de la sierra de Cebollera y  puerto de Piqueras. Pasa por las villas de Villoslada, Lumbreras, Villanueva, Pradillo, Torrecilla, Viguera, Nalda, Albelda, entrándose en el Ebro a media legua de la ciudad de Logroño. Este hermoso y cristalino río, después de hacer andar en la sierra varias máquinas de cardar e hilar lana, muchos batanes y molinos, riega los campos de eta parte de Rioja llevando sus aguas por Islallana y entrena hasta Navarretee y Fuenamyor.

De la cabeza de partido dista 5 leguas, 11 de la capital y 44 de Madrid. En esta serranía de Cameros hay minas de oro y plata según noticias de la antigüedad y el examen que en el día hacen algunos curiosos y aficionados; pero faltan los verdaderamente inteligentes. Lo cierto es que alguna de estas sierras, y en particular las cañadas que suben a Serradero, tienen mucha semejanza con las famosas de Guanajuato (real de minas y ciudad en el reino de Méjico), donde se halla la llamada Valenciana, la más rica y poderosa que se ha conocido en todas las Américas.

Entre las cosas notables y extraordinarias de esta villa, debe hacerse memoria de una cueva llamada Lúbriga, por las preciosas petrificaciones que se encuentran en ella. Se halla en el centro de una montaña que tendrá una legua de circunferencia. Su entrada, que dista del pueblo un cuarto de legua poco más, la tiene a una falda de aquella. Al principio sólo se ven las grandes concavidades, ya anchas, ya altas que la naturaleza ha formado. A la mitad del camino se empiezan a ver las citadas petrificaciones formadas por las gotas de agua que destilan aquellas bóvedas subterráneas. Conforme se va internando en lo hasta aquí descubierto, se admiran la inmensa variedad de figuras y colores. Allí se ven columnas de todos tamaños y especies, doseles, colgaduras, cielos hermosos, templos bien formados, otros destruidos, fuentes con tazas y caños, figuras de imágenes de hombres, de frutas, de animales, etc. En el centro se encuentra una fuente cristalina que siempre conserva la misma cantidad de agua. A su lado está la mina que da el Bol en abundancia, tan bueno como el de Armenia, y aun mejor según algunos inteligentes. Se ven varias columnas al aire sostenidas sólo por el pie. Tienen muchas y vistosas labores, así como otras infinitas piezas habiéndose sacado bastantes que han sido conducidas a Cádiz y a Inglaterra. Aun todavía se podrían descubrir otros departamentos, pues se observan en las extremidades de las bóvedas boquerones y entradas. Toda la pintura que se haga es poca en comparación de lo que tiene que admirar el que entre en ella, pues seguramente es digna esta preciosa cueva de que fuese vista y registrada por un sabio naturalista para que, imitando al autor de la obra titulada “Encantos de la naturaleza”, hiciese una descripción tal cual se merece. Tiene de larga como mil pasos, y es su longitud de Este a Oeste.

Desde Lumbreras a este pueblo hay 5 horas y tres cuartos de marcha militar, en cuyo intermedio se encuentran Villanueva de Cameros y Pradillo. Es patria de don Antonio Azpeitia Sáenz de Santa María, fue electo obispo de Lugo en 19 de diciembre de 1814, y trasladado a la santa iglesia de Cartagena en marzo de 182. Contribuye con 21.724 reales y 33 maravedís.

 








 

23 de enero de 2021

Diccionario Geográfico-Histórico de España (1846)

 


Torrecilla en Cameros según el Diccionario Geográfico–Histórico de España  

Angel Casimiro de Govantes (Madrid, 1846).

Páginas 193-194

 

TORRECILLA DE CAMEROS, villa de la provincia de Logroño en la sierra de Cameros, cabeza de partido judicial; 7 leguas S.O. de Logroño.

Esta villa fue legada por la reina doña Estefanía, viuda del rey D. García el de Nájera, con Leza y otros pueblos a su hijo el infante D. Ramiro: Moret insertó el testamento en el número 11, capítulo 2º, libro 14 de los Anales de Navarra.

En el año 1081 el Infante dio al monasterio de Santa María de Nájera las mismas villas. Archivo de Santa María. La iglesia de Torrecilla era una de las que demandaban al monasterio de Santa María los Obispos de Calahorra en el siglo XII. No se comprendió esta villa entre los pueblos del señorío de Cameros dado a Don Juan Ramírez de Arellano por D. Enrique II en el año de 1366, acaso porque pertenecía al monasterio de Santa María.

Torrecilla tiene tres parroquias unidas a la principal, un santuario titulado nuestra Señora de Tómalos a un cuarto de legua; varias ermitas, y hospicio para pobres, había un convento de padres franciscanos.

Fue natural de Torrecilla de Cameros, Juan González de la Fuente, Agustino, que escribió la Historia de la provincia de San Agustín de Mechoacán. D.N.A.B.N.

En todo tiempo ha producido varones eminentes, especialmente Obispos, y en el nuestro los dos Ilustrísimos hermanos Don José y D. Ramón Azpeitia y Santa María, Obispo el primero de Lugo y Murcia, y el segundo de Tudela.

Es cabeza del arciprestazgo de Camero Nuevo que comprende trece pilas; Almarza, Gallinero, Lumbreras, Nieva, Montemediano, Hortigosa, Pajares, Paña los Cantos o los Cientos, Pinillos, Pradillo, el Rasillo, Villoslada, Villanueva, Aldea Nueva su aneja.

Situada a la falda S. del puerto y monte del Serradero; divide la población en dos barrios el río Iregua, que tiene un puente de piedra de N. a S. Rodeado el pueblo de frondosos montes es muy sano, abunda de buenas aguas,  y ofrece buena perspectiva. Con la abundancia de agua se mueven cinco máquinas para la elaboración de paños.

Hay en su jurisdicción una fuente termal que llaman Riva-los-Baños, y una famosa gruta de mil pasos de largura y corre de E. a O. llena de cristalizaciones que llaman Lúbriga.

El río Iregua regala a Torrecilla excelentes truchas. Fue de la provincia de Burgos, partido de Logroño, posteriormente de Soria; era villa real.

Prod. granos, pastos, legumbres y ganado lanar fino y basto.

Ind. Fábricas de paños y bayetas.

Pob. En el censo de la población de la corona de Castilla  en el siglo XVI, está en las adicciones en el artículo de Nájera con otros muchos pueblos empadronada por 272 vecinos, 1360 almas.

En el Diccionario Geográfico publicado en Barcelona en 1830 y siguientes, 372 vecinos, 1782 almas.

En el censo de la nueva provincia de Logroño, 452 vecinos, 2198 almas. 

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Ángel Casimiro Govantes Fernández de Angulo

Foncea (La Rioja), 3/03/1783 – Madrid, 27/04/1852.

Hijo de Celestino Govantes y Ana Fernández de Angulo, nació en la villa riojana de Foncea, perteneciente al partido judicial de Haro e integrada, en aquel momento, en la provincia de Burgos. Emprendió estudios de Filosofía y Jurisprudencia en la Universidad de Santiago de Compostela, donde se graduó en junio de 1802. Continuó especializándose en Derecho Canónico, pasando a la Universidad de Valladolid, donde superó un curso de Cánones en 1807.

Desde allí, se incorporó a la Universidad del Burgo de Osma, donde obtuvo el título de licenciado y acabaría doctorándose en 1826.

Desde muy joven mostró inequívocas inquietudes políticas y llegó a ser elegido representante de la provincia de Burgos en las primeras Cortes de la historia española, las de Cádiz de 1810-1812, aunque su disolución le llevó a entregarse de lleno a la carrera judicial. Tras estrenarse como abogado en Valladolid y una vez que hubo contraído matrimonio con Juana Merino (1 de junio de 1814), fue nombrado alcalde mayor de la Audiencia de Asturias en noviembre de 1815. Allí, en la capital del Principado, tuvo ocasión de manifestar su preocupación por la mejora de las condiciones educativas y sanitarias de la provincia, al integrar la Comisión que se formó para la realización de un plan para la puesta en marcha de las escuelas de primeras letras, con las dotaciones necesarias, y formar parte, además, de la Junta Superior de Sanidad.

El período liberal abierto en 1820 le permitió retomar su compromiso político. Volvió a representar a Burgos en las Cortes del Trienio Constitucional (legislatura de 1820-1821) y formó parte de la Comisión Primera de Legislación y la del Código de Procedimientos.

Asimismo, fue nombrado en 1821 magistrado de la Audiencia y Chancillería de Valladolid.

La nueva interrupción del proceso de implantación liberal afectó de lleno a su propia trayectoria. La reacción absolutista llevó a su depuración profesional, al ser suspendido de sueldo, encausado y multado por la sala del Crimen de la propia Chancillería, cesando así su carrera judicial. Los avatares que sufrió a partir de entonces fueron innumerables: fue desterrado de la Corte y Sitios Reales, permaneció bajo arresto domiciliario y fue secuestrado por los carlistas en noviembre de 1833, siendo rescatado tras el fallecimiento de Fernando VII a cambio de una fuerte suma de dinero.

Precisamente, la desaparición del Monarca absoluto y la apertura liberal encabezada por la reina regente María Cristina desde 1834 hicieron posible su deseada rehabilitación política y profesional.

Tras serle devuelta la libertad a través del oportuno Decreto de Amnistía, fue repuesto en la plaza de oidor en la Audiencia de La Coruña y fue nombrado fiscal en propiedad del Tribunal Supremo de Hacienda, ascendiendo pronto a ministro del citado tribunal.

Al extinguirse éste y refundirse en el Tribunal Supremo de España e Indias, se le hizo ministro del nuevo tribunal en 1835 y, ya en agosto de 1836, fue designado magistrado del Tribunal Supremo. Sin embargo, y por desavenencias políticas, al estar más cercano a los liberales moderados, resultó separado de su cargo en octubre de 1840 en plena regencia de Espartero, si bien acabó jubilándose poco después, en 1841. En todo este trayecto compartió inquietudes y foros políticos con su hermano Pablo, que fue elegido diputado a Cortes en las legislaturas de 1837, 1840 y 1844.

Aunque fue repuesto en su plaza por Decreto de diciembre de 1843, una vez apartado Espartero de las responsabilidades políticas, Ángel Govantes dedicó los últimos años de su trayectoria pública a la preparación de valiosos trabajos históricos bajo la supervisión de la Real Academia de la Historia, institución de la que era individuo supernumerario desde 1841.

Su principal aportación fue la elaboración del Diccionario geográfico-histórico de España, con el que, según sus propias palabras, pretendía seguir los pasos de tres eminentes historiadores y académicos riojanos, el padre Risco, Juan Antonio Llorente y Martín Fernández de Navarrete, quien había llegado a presidir la Real Academia de la Historia. Imbuido de las corrientes historiográficas francesas de la época y de autores como Jules Michelet, que habían apostado por reconstruir y transmitir a los ciudadanos la historia de la nación francesa, Govantes se planteó llevar a cabo el análisis de “la antigua geografía e historia, procurando estimular a este género de estudios, ya para que perfeccionen su obra otros más doctos escritores, ya para que se formen Diccionarios históricos de todas las provincias y se pueda llegar algún día a obtener uno general exacto”. El trabajo vio la luz en 1846 en la Imprenta de los Señores Viuda de Jordán e hijos y se convirtió en un referente inexcusable del conocimiento no sólo de la tradición histórica sino de la realidad demográfica y económica de los diferentes núcleos de población del país. Algunos años después, aparecería una nueva obra de similares características, el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, dirigido por Pascual Madoz, que completaría y actualizaría el trabajo de Govantes.

La valía y la dedicación mostradas le hicieron acreedor al reconocimiento de sus contemporáneos. Además de su vinculación a la Real Academia de la Historia, siendo nombrado académico de número el 3 de octubre de 1845, perteneció también a la Real Academia de San Carlos establecida en Valladolid y fue nombrado por Real Decreto senador vitalicio del reino en 1845. Murió en Madrid el 27 de abril de 1852.

Fuente: Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico Español

José Luis Ollero Vallés