Un repaso a la historia, vida y tradiciones de nuestros antepasados.

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20 de mayo de 2024

La emigración camerana vista desde Argentina en 1912

Al hilo del último artículo publicado sobre la emigración americana de la familia Ibarra-Munilla desde Torrecilla en Cameros, traemos transcrito íntegramente el artículo publicado por el diario La Rioja el 3 de junio de 1912. 

En este extenso artículo se narra en primera persona como debió ser aquel proceso de emigración camerana en las décadas anteriores al gran fenómeno migratorio del cambio de siglo pasado (1880-1920). Sin duda es una narración idealizada, una más de las que sirvieron en aquellos momentos como reclamo y catalizador del enorme flujo migratorio que salió de los pueblos de la serranía riojana. Un fenómeno, el de la emigración, que si bien se había dado de forma natural y ordenada antaño, ahora tornaba tintes dramáticos.  


Vapor "Valvanera" (Compañía Pinillos y Cia.)

La Rioja, de 3 de junio de 1912

Desde Buenos Aires.

LOS CAMERANOS

El Diario Español, de Buenos Aires, publica un hermoso número extraordinario con pliegos enteros dedicados a diversas provincias de España. Entre ellos hay uno que trata de la provincia de Logroño y especialmente de la Sierra Camerana. Esta última parte la reproducimos a continuación:

La sierra de Cameros, más importante por su masa que por su altura, se encuentra, como saben quiénes han saludado la geografía de la península ibérica, en la parte meridional de la provincia de Logroño. Constituye el partido judicial de Torrecilla. Tiene muchos pueblos y aldeas, pero todos de escaso vecindario.

La emigración, una emigración consciente, razonada, metódica, que no acrecienta el hambre, sino que responde a la idiosincrasia de los serranos, a sus tradiciones de expansión, al instinto aventurero que les empuja a desparramarse por las cinco partes del mundo, impide que sus pequeñas poblaciones aumenten sus censos, según los progresos regulares, dependientes de las cifras de la natalidad.

La sierra de Cameros está como aislada del resto de la provincia. En la geografía étnica de España aparece tan circunscripta y limitada como en la geografía física. Sus habitantes se parecen poco a los riojanos de las tierras bajas, y menos aún a los sorianos que tienen tan cerca. Sierra Cebollera, el macizo de Piqueras y el Serradero, la rodean con sus altos picachos cubiertos de nieves, encerrándola y ofreciendo solamente a sus moradores salidas estrechas y difíciles.

La comarca camerana, es pues, abrupta, quebrada y montañosa. Su clima es frío, aunque muy sano. Hay en ella muchos yermos, porque la tierra agradece poco el trabajo del  hombre y se muestra ingrata con quien le dedica su esfuerzo. Sin embargo, produce trigo, centeno, semillas, legumbres, y sobre todo, muchas y magníficas patatas, tubérculo que forma la base del alimento de los cameranos.

En los bosques de esta serranía, en los robledales y encinares, en los “haídos” de hayas centenarias, si bien abundan los lobos y jabalíes, hay veranos que harían –y hacen en ocasiones- las delicias de los aficionados a la caza mayor.

Los pastos son sanos y abundantes. El ganado vacuno, cabrío, bovino y de cerda vive y engorda a sus anchas en los valles cameranos. Y esto no es de ahora. Los Archivos de la Asociación de Ganaderos, donde son guardadas curiosas documentaciones relativas al célebre Consejo de la Mesta, prueban que hace dos y tres siglos numerosas cabañas de ganadería trashumante, con miles de merinas y otras especies lanares, iban desde Extremadura a Cameros todos los veranos y regresaban a Cáceres, Badajoz y comarcas de Béjar cuando empezaban a caer las primeras nieves. Recuerdos de estas inmigraciones periódicas son los restos de muchos lavaderos de lanas y de algunas rudimentarias manufacturas textiles que aún pueden ser vistas en Ortigosa, Soto, Torrecilla y otros pueblos.

La región camerana, no obstante sus minas de hierro, sus cristales de roca y su abundancia en aguas, no es muy rica. Así lo reconocen sus habitantes, modelo de frugalidad, previsión y economía. Sin embargo, en ella no hay miserables. Los mendigos son raros y casi nunca proceden de alguna de las localidades del partido judicial. La causa de esto hay que buscarla en la emigración inteligente a que aludo más arriba.

Es un hecho que todo camerano sabe leer, escribir y contar. El analfabetismo fue hace mucho tiempo desterrado de esta tierra. Los municipios cameranos se esfuerzan, siguiendo una tradición que ninguno rompe, por que la enseñanza primaria sea lo más completa posible. No obstante, no podrían lograr el milagro que supone el hecho de que todo niño camerano mayor de diez años lea, escriba y conozca los principios elementales de la ciencia del cálculo, sin no les ayudase la iniciativa privada con fundaciones educativas que son orgullo de algunos pueblos.

Laguna, Soto, San Román y otras localidades, poseen grupos escolares modernos costeados con esplendidez, obra de cameranos ilustres, de emigrados como don José de la Cámara Moreno, que habiendo salido pobre y desvalido de su patria chica, y habiendo conseguido tras muchos años de rudísima batalla, triunfar en la vida y asegurarse la fortuna, se acordaron de los compatricios, de los “paisanines” sin medios para procurarles una base de cultura que les sirviera, el día de mañana, de arma de lucha, y dedicaron parte de sus capitales a la instalación de centros de enseñanza, con edificios propios, con material pedagógico de primer orden, con maestros capaces. Lo mismo hacen los hermanos señores Sáenz, residentes en la Argentina.

Gracias a los esfuerzos de los Municipios, y muy particularmente a las generosidades de cameranos opulentos y patriotas como los citados, la emigración camerana es cada vez más apta y digna de aprecio. Los muchachos que se van a Galicia, a Extremadura, a Andalucía a Cataluña y a América no son crisálidas de aventurerillos, son capullos de hombres ilustrados, conscientes, que no marchan a ciegas, que tienen un norte y una orientación y un destino.

En pocos años estos emigrantes, cuyas cualidades de adaptación son maravillosas, se abren paso en los medios más extraños a los suyos familiares y pueblerinos, y vencen a las circunstancias y sacan partido de los acontecimientos imprevistos y conquistan la soñada posición independiente, suprema ilusión de su niñez y adolescencia.

En Logroño, un camerano viejo y rico a quien fui presentado y al que interrogué sobre las particularidades más características de la región donde naciera, me dijo:

“Hoy las cosas han cambiado mucho. Pero en mis tiempos se emigraba de modo muy distinto. Cuando un muchachuelo cumplía los trece años y el maestro de instrucción primaria certificaba que sabía leer, escribir y contar, sus padres comenzaban a preocuparse de su suerte. No admitían ni por un momento que el rapaz se quedara en la sierra. Destinábanle a la emigración fructuosa que tantos beneficios ha hecho a la comarca. Y escribían al tío, al primo, al amigo que se fuera veinte o treinta años antes, y del que se sabía que había hecho fortuna, bien en el Mediodía de España, ya en la otra banda del Océano.

Decíanle que era preciso buscara al muchacho una colocación en alguna casa de comercio, fundada por cameranos, si era posible. Invocaban la solidaridad que debe unir a los nacidos en una misma tierra. Y rara vez no lograban el favor pedido.

Cuando llegaba la contestación favorable, la familia reuníase en consejo. Eran necesarios diez, veinte, cincuenta duros, según el punto a donde el muchacho debía ir. Y se ahorraba, se pedía prestado, se vendía alguna tierrecilla, o algún pequeño prado o unas fanegas de trigo guardado como oro en paño. Y se preparaba, de paso el equipo del emigrante.

Si el destino era en España, buscábase “corsario” que debiese partir para la ciudad andaluza o extremeña y se le confiaba al tierno vástago con el encargo expreso de entregarlo al patrón. Si era América a donde había de marchar el chico, se le enviaba primeramente a un puerto, en compañía de su padre o de alguna otra persona de peso y responsabilidad.

Ordinariamente el arriero llevaba diez o doce duros por el transporte del emigrante a su punto de destino. Había que aguardar al principio del invierno y rara vez salía de la sierra con cada “corsario” un muchacho solo. Reuníanse los rapaces de varios pueblos tras largas despedidas, con sus correspondientes lágrimas, besos, abrazos, exhortaciones y advertencias, buscaban a sus respectivos conductores y las caravanas compuestas de mulos cargados de paquetes –generalmente de encargos para cameranos residentes en las provincias del Oeste y del Sur de España- poníanse en camino para el puerto de Piqueras.

La travesía de éste era siempre muy penosa y demostraba a los muchachos que la nueva vida que comenzaban se anunciaba dura. Las primeras nieves hacían difícil la entrada de las recuas en la provincia de Soria. Hacía frío. Y los rapaces, mal abrigados con una capilla, marchaban animados al lado de los mulos pensando en el porvenir, hacia el que caminaban, y recordando cuanto habían oído de los triunfos de otros cameranos que salieran como ellos de la sierra y que en países remotos lograran dominar la suerte, hacerla su esclava y arrebatarle sus tesoros inagotables.

El viaje era largo y molesto. Comían en las ventas poco y mal. Dormían sobre los fardos que componían la carga de los mulos, o sobre los aparejos de éstos. Pasaban fríos, angustias, miserias. Pero no se preocupaban de ello, porque eran ya caballeros de un ensueño vago que tejía su velo con hilos de sol, porque una indomable voluntad y una risueña esperanza les aguijoneaban empujándoles hacia el mañana hosco y cerrado y misterioso como una esfinge.

Así marcharon de la sierra muchos cameranos hoy ilustres y poderosos. De las estepas de Laguna, donde pastorearon en sus primeros años, don Juan, don Martín y don Pablo Larios, salieron para Andalucía a fundar la gran casa: la casa por antonomasia que ha reinado y reina en Málaga, con sus prolongaciones de palacios, de fábricas y de ingenios de azúcar. De los montes de Nieva salió igualmente el fundador de la casa naviera Sáenz de Pinillos, famosa en Puerto Rico y Cuba, y cuya línea empieza a cimentarse en el Plata. De Brieva, el pueblecillo que no conociera durante siglos más alumbrado que las teas de pino, salieron Duro, el de la gran fábrica asturiana de la Felguera, y Bayo, el banquero matritense. De Villamueva era Arenzaana, más tarde compañero de Urquijo y título del Reino…

Recordaré, con permiso de usted, algunos nombres de cameranos. De Lumbreras, si no me equivoco, era don Pedro Sáenz de Codés, comerciante riquísimo de Valparaiso. De Nestares, el señor Montes, gran registrero bonaerense; don Gonzalo Sáenz, iniciador y gran introductor de la producción española en la Argentina. De Ortigosa don Simeón García, creador de fuertes casas comerciales en Galicia. De Ortigosa también Riva, que tiene una empresa de comisiones en Barcelona, y los Martínez, dueños de un gran comercio en una ciudad chilena. De Rabanera proceden los opulentos Heredia y Gómez de Málaga, y Teruel, establecidos en Sevilla. De Ajamil son Pablo Escolar, de Madrid, y su sobrino, los Lafuente, comerciantes de Trinidad, en Cuba. De Muro salieron los Ortiz, hoy peruanos millonarios, y los Lerdo, que dieron un presidente a la República mejicana.

Como los Larios, proceden de Laguna, don José de la Cámara Moreno, que se hizo rico en Méjico; los Gutiérrez de Rosario de Santa Fe; los Benito, de Málaga; Quemada, de Buenos Aires; Domínguez, de Cádiz; Jiménez sevillano de adopción. De Villoslada son Eladio Rodríguez, de Madrid, y los Echeverría, de Granada. De Pajares, los Carnicero, también de Granada, y de Almarza, los Arrieta, de Valparaiso.

Podría seguir citando, a docenas, cameranos ilustres que, saliendo pobres y niños de sus pueblecillos, lograron abrirse paso trabajando obstinadamente. ¡Cuántos habrá en la Argentina que debo limitarme a dejar representados por los citados! Y conste que no hablo de los que brillaron en la política, como Sagasta, o en la filosofía, como el padre Cámara, obispo de Salamanca. Me refiero exclusivamente a los que emigraron para dedicarse al comercio o a la industria.”

Seguramente, como digo, hay en la Argentina muchos cameranos. Cuando lean este modesto artículo recordarán sus nombres y sus valles, Camero Viejo y Camero Nuevo, el santuario de Valvanera, el de Santa Cruz del Monte, las amenas y rocosas orillas del Tirón, el Oja, el Najerilla, el Iregua, el Glera, el Cidacos y el Alhama, los bosques de hayas seculares, los prados en que muchos de ellos pasarían largas horas en su niñez, vigilando el ganado y pensando ya en la emigración decidida y resuelta, los robledales y encinares donde en las noches de invierno, cuando cae la nieve, rápida y muda, aúllan los lobos, las amplias y brumosas cocinas bien alumbradas por el fuego de la chimenea, donde se tratara de su porvenir, en graves consejos de familia.

Y al recordar todo esto convendrán conmigo en que la emigración camerana no se parece a ninguna otra; en que es un fenómeno perfectamente caracterizado, que obedece a razones de psicología colectiva, condicionadas por la tradición y el ambiente.


La Rioja, de 3 de junio de 1912

 

 

 

 

 

 

 

10 de enero de 2024

Una historia de emigrantes: Familia Ibarra-Munilla

Familia Ibarra

Hace unos meses Jeremías Capaccio, descendiente de emigrantes torrecillanos, contactó vía Facebook con el grupo de Torrecilla en Cameros solicitando información sobre sus antepasados. Fruto de nuestras conversaciones e investigaciones traemos aquí la historia de su familia. Para ver el artículo pinchar en la imagen:






20 de julio de 2021

De Torrecilla a Sevilla (2ª Parte)

Vimos en la primera parte de este artículo los avatares de esta familia de emigrantes torrecillanos que recalaron en Sevilla en la segunda mitad del s.XIX, cómo se asentaron, crearon algunos negocios y formaron sus propias familias a contraer matrimonio todos ellos con mujeres sevillanas. Todos ellos se integraron plenamente en la sociedad sevillana de su momento con mayor o menor fortuna, y vaya si se integraron. Ya estamos muy próximos a desvelar el misterio que esconde esta familia de emigrantes torrecillanos que aparentemente podía pasar desapercibida entre una más de las que salieron en busca de prosperidad a lo largo de los siglos. 

Tal y como finalizamos la anterior entrega, en esta segunda parte vamos a ver algunos detalles de los descendientes de Antonio Astola González y su esposa Julia. Julia Díaz Fe (Sevilla, 1869) era una de los cinco hijos de Francisco de Paula Díaz y Julia Fe: Francisco (Sevilla, 1867), Fernando (Sevilla, 1870), Rafael (Sevilla, 1871) e Higinia (Sevilla, 1874). El hijo e hija mayores heredaban el nombre de los progenitores, igualmente los nombres de Rafael y Fernando, y nuevamente Francisco, aparecerán en la siguiente generación de sobrinos algunos de ellos protagonistas de esta historia.

Higinia Díaz Fe casó en Sevilla con el torero Enrique Vargas González, conocido con el nombre artístico de su época como “Minuto”. Será Enrique Vargas “Minuto”, el tronco, la inspiración y el maestro del que tomen la afición taurina  dos hermanos, cuatro de sus sobrinos y un sobrino-nieto. Dentro de esta saga de toreros sevillanos, veremos aparecer a tres con un apellido típicamente torrecillano: Astola. De cómo llegaron a convertirse en toreros los descendientes de un cantero vasco llegado a Torrecilla en Cameros en la primera mitad del s.XVIII y emigrados a Sevilla en la segunda mitad del s.XIX,  va esta historia sorprendente.

Rafael Astola Alfaro

Comenzaremos viendo quien fue Enrique Vargas Minuto y su relación familiar con los Astola sevillanos.

Enrique Vargas González "Minuto"

Nacido en Sevilla el 21 de diciembre de 1869, se decía que su mote de debía a su baja estatura (diminuto), lo que al decir de muchos era todo un impedimento para ejercer como torero. Pese a ello su pasión debía ser mayor que sus limitaciones físicas. Con tan sólo 16 años debutó en público siendo el segundo espada de una de las cuadrillas de “Niños Sevillanos”  que hacían las delicias por aquellos años por todo el país, en este caso la organizada en 1885, siendo el primer espada Francisco González Román “Faico”. Esa cuadrilla actuó entre otras en la Maestranza sevillana (1886) o Madrid (1887).

Dando el salto del novillo al toro, tomó la alternativa en Sevilla el 30 de septiembre de 1890 siendo su padrino Femando Gómez García  “El Gallo” con toros de Adalid vistiendo de verde y oro. El 19 de abril de 1891 se iba a confirmar como torero cuando estando “Minuto” brindando su toro, se le arrancó, obligándole a saltar la barrera con tan mala fortuna que se clavó el estoque dando al traste la confirmación. Habría de esperar al 17 de mayo del año siguiente para obtener la dicha confirmación como matador de toros.

Tanto como persona como torero debía ser un artista peculiar. Se cuenta que en una ocasión en 1896 toreando en Alcoy le tiraron una bota y echó un trago, salió el siguiente toro e improvisó un quite con la bota dando a beber al toro de ella después. El 5 de marzo de 1897 se escapa un toro de Ignacio Valero, de nombre “Azafrán”, cuando era conducido al matadero de Sevilla, provocando el caos en Lora del Rio. “Minuto” acabó con él de una estocada en plena calle. El 29 de junio de 1910 llega a Irún para la corrida de inauguración de esa plaza. Facturado su equipaje en Barcelona no llegó a su destino para el día de la corrida,  vistiendo un traje blanco con faja azul de pelotari lidió a sus dos toros.

Por esos años reside en la Parroquia del Sagrario, calle Padre Marchena, nº 1. Tiene una hija Ángeles de 3 años aunque en 1897 había perdido otra de nombre Higinia como su madre. El periodo 1897-1900 fue sin duda el momento álgido de su carrera. En 1898 actúa en nada menos de 48 corridas, 39 al año siguiente y varias más en México. Se retiró por primera vez en Las Ventas de Madrid un 22 de octubre de 1900 sin previo aviso, con sólo 30 años y más de 443 corridas en su haber.

Tras abandonar el toreo se dedicó a llevar un restaurante en Sevilla junto con dos hermanos suyos que formaban parte de su cuadrilla, José, banderillero, y Manuel, picador. Junto a ellos había varios dependientes de León, Oviedo y Santander, aunque el negocio no le fue demasiado bien. En una entrevista de 1904 aclara sinceramente los motivos de su retirada y anuncia su regreso para el año siguiente: “suponía yo que con el capital reunido tendría para dar de comer holgadamente a mis hijos. Por eso, dando una prueba de cariño a mi mujer, dejé de torear, sin bulla ni despedidas”. Sobre a que se debía su regreso a los ruedos: “me parece que eché mal las cuentas y voy a dejarles poco a mis hijos el día que me muera, eso es todo“. De este modo reaparece en los toros en Madrid en 1905 aunque, segundas partes nunca fueron buenas y poco tendrá que ver con la primera.

Enrique Vargas González "Minuto"

En esta segunda etapa, a su retorno por motivos económicos se suman dos hechos luctuosos que debieron afectarle en sumo grado y más teniendo en cuenta que sus desgraciados protagonistas eran familiares y se habían iniciado en el toreo gracias a él.

José Vargas González “Noteveas” era el hermano pequeño de “Minuto”. Entró a formar parte como subalterno y banderillero de la mencionada cuadrilla de “Niños Sevillanos” en la que se encuadraba su hermano. Cuando éste tomó la alternativa, continuó en su cuadrilla como banderillero hasta la retirada parcial de 1900 en la que también se retiró para montar el mencionado restaurante con sus hermanos.

Cuando por adversidades de la fortuna "Minuto" volvió a torear, "Noteveas", convertido en un buen burgués, poseedor de una modesta industria, metido en asuntos políticos como su hermano a quién adoraba, había llegado hasta a ser alcalde de su barrio, lo dejó todo para seguirle en su reaparición.  Al literal de la época: “era este un banderillero que ejercía la peligrosa profesión más por afecto a su hermano que por vocación”.

Terminada la temporada de 1907 en España se trasladan a México. El 1 de diciembre actúan en Puebla y al entrar a banderillear el primero de la tarde, fue cogido en la parte superior del muslo derecho perforándole la arteria femoral. Trasladado a la enfermería de la plaza, falleció a las pocas horas víctima de la fatal hemorragia cuando contaba con 34 años de edad. Fue enterrado en la localidad mexicana al día siguiente. Pese al desgraciado suceso la cuadrilla de “Minuto” siguió con su gira mexicana y actuó el 5 de febrero en Puebla a su beneficio y el de su familia.

Sin duda, perder así un hermano que lo había dejado todo por seguirle, debió caer como una pesada losa en la conciencia de “Minuto”. Poco a poco va cesando en su actividad taurina. Aunque de hecho ya llevaba retirado unos años de las plazas, se retiró definitivamente en Madrid un 8 junio 1914 en un festejo que monta Joselito a beneficio del propio Minuto, alternando ambos con Vicente Pastor, Rafael El Gallo, Mazzantinito y Juan Belmonte, haciendo el paseíllo 13 toreros con él. Retirado del toreo creó  una escuela taurina en Sevilla sin resultados llamativos. En años posteriores la trasladó a Málaga con idéntico resultado y finalmente se instalaría en Lucena (Córdoba).

Fue ese carácter peculiar el que llevo a "Minuto" a inventar un peto para los caballos, pero en aquella  época "no cuajó" aunque sirvió de base posteriormente. Publicó un folleto con un estudio sobre las apuestas que se podían hacer en las corridas de toros, que tampoco "cuajó". Tuvo varios colmados y restaurantes en Sevilla y Madrid. Fuera del toro, probó fortuna con el teatro estrenando en el desaparecido teatro Novedades una obrita titulada "El Sevillanito", obteniendo un éxito amistoso. Figuró en política bajo la jefatura del moretista D. Pedro Rodríguez de la Borbolla, y allí donde el polifacético "Minuto" fuera presidente de mesa en las elecciones, triunfaba el Sr. Borbolla del tirón popular que tenía el ex-torero. Ejerció de crítico taurino fundando un semanario taurino y colaboró en varias revistas profesionales.

En el invierno de 1929 enfermaba gravemente y tras la asistencia hospitalaria prolongada falleció en Sevilla, en casa de su hija, carente de recursos, el 20 junio de 1930 a los 60 años de edad.

Decían de él sus contemporáneos: “Minuto atesoraba todo el repertorio del toreo, agregándole además cosas netamente suyas, de improvisación repentina, acoplando en determinados momentos de la lidia suertes airosas y pintorescas que subrayaban con sus aplausos los espectadores. Matador con una habilidad de asombro, dada su corta talla, y tal destreza con la muleta para hacer descubrir a los toros el morrillo y "calarlos" por las agujas haciéndolos rodar de magnificas estocadas que era increíble. Le acompañaba señaladamente en su haber que su diminuto cuerpecillo lo constituía un manojo de nervios y unos músculos de acero. Alternó con las grandes figuras de su tiempo y ocupó en el toreo lugar preferente”

Fue por tanto “Minuto” uno de los grandes toreros del cambio de siglo, siendo uno de los primeros espadas en la década 1890-1900 que sería recordado con fama hasta sus últimos días. 

La influencia de “Minuto” entre su familia debía ser tal que, además de su malogrado hermano “Noteveas”, otro más también lo había acompañado en sus etapas taurinas y la aventura en  la restauración, Manuel Vargas González “Tornero”. Manuel Vargas se  dedicó a la labor de picador en su cuadrilla en las dos etapas. Pero la vena taurina no sólo corría por la sangre de los Vargas, la influencia de “Minuto” debía ser tal que se dejó notar sobre su familia política inyectando la pasión por el toreo sobre cuatro de sus sobrinos: Manuel Díaz Herrera, Francisco Díaz Pérez, Francisco Astola Díaz  y Rafael Astola Díaz; y un sobrino-nieto, Rafael Astola Alfaro.


Manuel Díaz Herrera "Minuto Chico"

Matador de toros que nació en Sevilla el 15 de febrero de 1884, era sobrino de Enrique Vargas “Minuto”. Fue el primero de sus sobrinos en seguir los pasos de su tío “Minuto”. Hizo su debut como matador, en Constantina el 25 de Julio de 1905.

Manuel Díaz "Minuto Chico"
 
El 3 de febrero de 1911 sufre una cogida mortal en la plaza de toros de Alicante, nuevamente, como cuatro años antes en México en el caso de José Vargas “Noteveas” hermano de “Minuto”, a la altura de la arteria femoral. Fallece al día siguiente en la propia enfermería de la plaza a los 27 años de edad. Según las crónicas de la época fue enterrado con una afluencia masiva de personas y abundantes muestras de cariño.

Funeral por "Minuto Chico" (ABC)

Francisco Díaz Pérez "Pacorro"

Segundo de los sobrinos políticos de “Minuto” que se aventuró en el mundo taurino. Nacido en Sevilla el 26 de marzo de 1897, era hijo de Francisco Díaz Fe y Amparo Pérez Sánchez.

Precoz en el mundo taurino, con tan sólo 11 años fue banderillero en una de las mencionadas cuadrillas de “Niños Sevillanos”, la suya capitaneada por José Gárate Hernández “Limeño” y José Gómez Ortega “Joselito”. Pronto pasó de las banderillas al capote, pero dos años después, en virtud de la ley de Protección a la Infancia, las autoridades prohíben sus actuaciones. En 1912 formó una cuadrilla de “Niños Sevillanos” que la dirigía el propio Francisco Díaz que ya había tomado el nombre artístico de “Pacorro” y José Sánchez “Hipólito".

Todavía novillero y sin alcanzar la fama que le llegaría después, casó en Madrid el 9 de marzo de 1918 con la actriz de cine mudo Marina Torres lo que le dio un cierto reconocimiento público mayor por este motivo que por su faceta profesional.

Tomó la alternativa en San Sebastián el 11 de agosto de 1918 siendo su padrino José Gómez Ortega “Joselito”, su compañero de la niñez. Vestía traje verde y oro siendo el toro de su debut “Inclusero”. Era tal la emoción del debutante matador que al pasarle los trastos Joselito no se quietó la montera como era habitual. Su confirmación fue en Madrid el 15 de septiembre de ese mismo año con toros de la ganadería de Pablo Benjumea.

Si sus comienzos habían sido precoces y prometedores, su carrera como torero fue en declive progresivo. En 1924 se reconvierte nuevamente en novillero, no logrando retomar su carrera, se retira definitivamente en 1929.

Francisco Díaz "Pacorro"

Retirado del toreo se instaló en Madrid junto con su mujer. En una entrevista publicada por la revista taurina El Ruedo bajo el título de Pacorro a Don Francisco, relata en primera persona varios aspectos de su vida que muestran de primera mano cómo era la vida de estos jóvenes que se decantaban por el mundo del toro que les rodeaba en su familia y en sus barrios. En el toreo lo fue todo “becerrista, a la edad que los chicos canturrean la tabla de sumar; novillero, cuando muchos empiezan con los becerros, y matador de toros, siendo casi un adolescente”.

En efecto, mi padre era hombre muy adinerado y yo me crié rodeado de molicie y comodidades Bien fuera por su trato liberal y esplendido con exceso o por aventurare en negocios desgraciados, el caso es que nuestra fortuna vino a menos y con el fallecimiento de mi progenitor se marchó la llave de la despensa…”

Actor protagonista en la película Juguetes Rotos (1966) dirigida por Manuel Summers, que aborda el olvido y el escarnio que sufrieron, o sufren, muchos personajes que un día fueron aclamados como héroes y que años más tarde, cuando pasó su tiempo, son arrinconados por los mismos que los aclamaron. Esta película, que más bien es un documental, tiene como base los tres espectáculos que gobernaban el poco tiempo ocioso del que disponían los españoles: boxeo, fútbol y toros.

Entrevistado en el sanatorio madrileño en el que terminaría sus días nos muestra los sin sabores de la profesión, como pocos de ellos podían ganarse la vida con ello, terminando él mismo como acomodador de un cine. Falleció en Madrid el 28 de enero de 1967.

Puede que la proliferación hasta el momento de nombres y fechas hagan de este relato algo complicado y que el lector no vea todavía la conexión entre estos toreros y aquellos emigrantes torrecillanos. No perdamos de vista el siguiente árbol genealógico para ir desgranando la biografía de todos estos individuos y los que vienen a continuación.



Francisco Astola Díaz "Riojanito"

Francisco Astola Díaz era el primogénito de los tres hijos del matrimonio formado por el torrecillano Antonio Astola y Julia Díaz Fe. Nació en Sevilla sobre 1895 y desde muy pronto vivió rodeado del mundo taurino de la familia. No tan precoz como sus primos carnales “Minuto Chico” y “Pacorro”, para 1913 tenemos ya constancia de su vocación, nuevamente bajo la gran influencia ejercida por su tío en común, Enrique Vargas “Minuto”.

Mientras su primo “Pacorro”, ejercía como novillero con la cuadrilla de los “Niños Sevillanos”, Francisco Astola daba sus primeros pasos en el mundo del toro de la mano de su tío “Minuto”. Una crónica de El Heraldo de Madrid del 17 de septiembre de 1913 narra una tienta en una plaza privada de Talavera de la Reina organizada por un importante empresario de la cerámica de aquella villa para ver el estado de Juan Belmonte tras una intervención quirúrgica. A ella asiste "Minuto" y Francisco Astola al que el cronista llama “Riojanito”, sin duda conocedor del origen de su padre Antonio.

Francisco Astola Díaz "Riojanito"

Como en otros casos, las ganas o ilusión no son suficientes para llegar a matador y Francisco Astola “Riojanito” se decantó por la profesión de subalterno y banderillero. Hay varias noticias de prensa de corridas en las que participa hasta mediados de los años 30.

Rafael Astola Díaz "Templario"

En 1910 nacía en Sevilla, Rafael, el segundo de los hijos del torrecillano Antonio Astola y la sevillana Julia Díaz Fe dedicado al mundo taurino. Con sus sobrinos “Minuto Chico” fallecido, “Pacorro” con su propia carreta taurina y “Riojanito” como banderillero, su ya retirado tío “Minuto” centra sus esfuerzos en Rafael Astola, el último de sus cuatro sobrinos de los que tratamos.

Debía contar con 18 años cuando una noticia de La Fiesta Brava del 31 de agosto de 1928 hace eco de una novillada en Lucena a beneficio de “Minuto” donde tenía instalada su escuela de torero. Mereciendo los alumnos los siguientes conceptos de su profesor: Rafael Astola tiene un espíritu "minutesco" exagerado; toreando y con la muleta todos sus momentos fueron brillantísimos. A juicio del maestro, este torero será "gente" en el toreo; es ahijado 'de "Chicuelo", siendo el protagonista del padrinaje, el antiguo banderillero de la cuadrilla de "Minuto", Eduardo Borrego "Zocato", tío de "Chicuelo".

La Fiesta Brava del 11 de enero de 1929 hace referencia a una novilla del 30 de diciembre en la Plaza de la Pañoleta (Sevilla) en la que triunfó de una manera ruidosa el joven Rafaelito Astola, sobrino y discípulo del veterano maestro Enrique Vargas “Minuto”. Verdaderamente quedó demostrado que no hay torero sin escuela, máxime cuando la educación torera como la del joven Astola es dirigida por un torero de los conocimientos y recursos del famoso “Minuto”.

En estos primeros pasos es conocido como “Rafaelito”. Otra crónica dice: resaltó más la lidia del cuarto que corrió a cargo del joven Astola, asesorado por el que en tiempos fue "Un Niño Sevillano" el diminuto, valiente y artista "Minuto". No hubo suerte en el reparto para el chaval Astola pues el bicho resultó blando y acostándose por el lado derecho, por lo que en el primer lance el debutante hizo una cosa feíta buscando refugio en. las tablas, pero una vez repuesto, valientemente repitió con cuatro lances más, que sorprendieron en gran manera a la plana mayor de la afición sevillana que se convenció de las grandes dotes que posee el sobrino de "Minuto" para escalar uno de los primeros puestos de la tauromaquia. Eugenio Martín "Finito" y Paco Soriano se encargaron de banderillear lo que hicieron pronto y bien y allá va la expectación que se produjo entre los concurrentes para ver cómo se portaba el novel diestro, Rafaelillo, fresco, con mucha valentía y haciéndose cargo de las dificultades del bicho toreó bien, sin grandes adornos, hasta dominar y conseguir estrecharse en varios pases con la izquierda pasando temerariamente y recetando una buena estocada que le hizo rodar sin puntilla. Aunque no hubo petición de oreja ni de rabo, surgió una grandiosa ovación que el diestro recogió obligándose al veterano maestro "Minuto" a salir a los medios con los discípulos; Astola el novel matador y sus banderilleros "Finito" y Soriano.

En el diario La Voz de Córdoba del 26 de mayo de 1929 se anuncia una corrida novillos en Huelva siendo uno de los tres diestros Rafael Astola. En agosto participa en la primera corrida de la temporada nocturna de ese año en Sevilla y entre los jóvenes novilleros Rafael Astola, ya con el nuevo nombre artístico de “Templario”.

Parece ser que se mantuvo como novillero durante esos años bajo el apoderamiento de su tío “Minuto”.
Hacia el año 1932, dos años después de la muerte de su tío, deja de haber noticias de Rafael Astola como novillero en la prensa.

Rafael Astola casó en Sevilla con Dolores Alfaro Martínez. De entre los hijos habidos de este matrimonio, Rafael, nacido en Sevilla en 1943, será el continuador  de la saga familiar y el tercer Astola en ponerse el traje de luces y el que alcanzó los mayores éxitos y reconocimientos.

Rafael Astola Alfaro

Rafael Astola Alfaro nació el 11 de septiembre de 1943 en el número 7 de la calle Troya de Sevilla en pleno barrio de Triana. Creció en una ciudad, barrio y familia impregnada por el mundo del toro por todos sus costados como llevamos visto hasta el momento. Aunque de muy joven aprendió el oficio de joyero, la tradición familiar le lleva al mudo del toro.

Viste su primer traje de luces el 15 de Mayo de 1959 en Marchena (Sevilla) con ganado de Sancho Dávila sin adoptar un nombre artístico como era la costumbre habitual aunque en algunas crónicas lo llaman Rafaelillo dada su corta edad. Crónicas de diversas tardes de toros de Rafael Astola, las hay abundantes en la prensa de aquellos años, muchas más que de sus antepasados toreros familiares dada la proliferación de los medios escritos especializados o generalistas.

Rafael Astola Alfaro

Pero sin duda el hecho más relevante de su carrera y por el que alcanzó mayor fama fue por una corrida de novillos que se celebró con motivo de la festividad del Pilar en la plaza sevillana de la Real Maestranza.

La tarde del 12 de octubre de 1965, se celebraba una novillada, casi de cierre de temporada, con motivo de la festividad del Pilar. Rafael Astola consigue en esa tarde el mayor éxito de su carrera y por el que tiene un lugar de privilegio en este artículo, el indulto del primer novillo en la historia de la Real Maestranza de Sevilla, un astado de la ganadería del Marqués de Albaserrada de nombre  "Laboriosos" de 425 Kg.

Cartel anunciador novillada del 12 de octubre de 1965
Real Maestranza de Sevilla

Era una tarde templada, tranquila y soleada, vestido de rosa palo y oro, todavía dolorido de la cornada un novillo le había dado en Las Ventas de Madrid, tenía como compañeros de terna a Paco Puerta y Pedrín Benjumea.

Así recordaba aquella tarde en febrero de 2001 el protagonista de los hechos en una entrevista especializada: "Ese tal vez ha sido el mejor toro con el que he estado en mi vida, a "Laborioso" no lo olvidaré nunca. Fue algo inusitado que se indultara en la Maestranza a un novillo. Eso no había ocurrido nunca. Me harté de toro aquella tarde. El animal no tenía fin. Embestía una vez y otra y otra..., y nunca se cansaba. Yo me encontré muy a gusto con él. Fue algo fantástico. Aquella tarde estaba de presidente un comisario de policía llamado Tomás León. Era un presidente un tanto polémico y exigente. Para el solo toreaba bien en Sevilla "Curro Romero" y los demás todos éramos malos. Bueno yo rompí esa tendencia y no pudo evitar indultarme ese novillo. Esa década de los sesenta-setenta, fue extraordinaria en Sevilla estábamos diez o doce novilleros, que de habernos tocado ser toreros ahora, hubiéramos servido todos. Recuerdo a Pepe Luis Segura, Rafael Roca, "Facultades", Pedrín Benjumea...y unos cuantos más. Pero claro ¿Qué es lo que había delante?: pues estaban Antonio Ordóñez, Diego Puerta, "El Cordobés". Lo de "El Cordobés" fue lo más grande. Volvió locos a todos y revolucionó el toreo. Hizo además que los toreros cobráramos mejor en las plazas. El Benítez es que acabó con todos los grandísimos toreros que había en aquellos años. Era un auténtico león.”





Rafael Astola pasará a la historia como el torero que lidió el primer indultó de una res brava en la plaza sevillana, hecho que no se volvió a repetirse hasta 2011. Por tal honor y en recuero de esa tarde, la Junta de Gobierno de la plaza sevillana reconoció en noviembre de ese mismo año tal privilegio con el descubrimiento de una placa conmemorativa.

Azulejo conmemorativo en la Real Maestranza (Sevilla)

Volvió "Laborioso" a la finca Mirandilla del Marqués de Albaserrada, vivió otros diez años, tiempo en el cual tuvo cuatrocientos hijos entre hembras y machos, de éstos un montón de toros y novillos de nota, muriendo finalmente un seis de enero de 1976 a la edad de quince años. Como en la Maestranza, la ganadería dedicó un azulejo en su finca a recordar aquella tarde en el que se menciona nuevamente al diestro Rafael Astola.

Azulejo conmemorativo en la finca del Marqués de Albaserrada

Fue tal la fama del hecho en su momento que hasta un bodeguero de La Palma del Condado a un amontillado de sus bodegas lo comercializó con su nombre.


Rafael Astola siguió con su carrera de novillero por gran parte de la geografía española llegando a torear alguna tarde en plazas francesas o americanas. De todos modos, no eran tiempos fáciles para dar el salto del novillo al toro tal y como afirmaba él mismo en la entrevista que hemos visto anteriormente. Pese a ello logró hacerse un hueco y toma la alternativa como torero el 21 de septiembre de 1969 en Zalamea la Real (Huelva).

Rafael Astola, tras dos actuaciones en Portugal, se cortó definitivamente la coleta en 1975 obligado por una lesión en la rodilla sufrida en Zaragoza de la que fue operado varias veces. Fue nombrado “Trianero de Honor” en 2014.

Con Rafael Astola Alfaro termina la saga familiar vinculada al mundo del toro, y esta sorprendente historia de los descendientes de un humilde emigrante torrecillano de finales del s.XIX. Quién le iba a decir a Antonio Astola recién llegado a Sevilla con sus recuerdos todavía de las montañas cameranas, que dos de sus hijos y un nieto se iban a dedicar al mundo del toreo. Y quién nos iba a decir que un apellido tan típicamente torrecillano como Astola tuviese un rinconcito de honor en una de las plazas de toros más importantes de España como es la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Cuando el lector torrecillano de este artículo viaje a Sevilla, además de sus monumentos más internacionalmente famosos como la Catedral y su Giralda, la Torre del Oro, el Alcazar, el río Guadalquivir y sus puentes, sus calles, tapas y tablaos flamencos, sea o no aficionado taurino, no olvide darse una vuelta por la plaza de toros de la Maestranza, alce la vista y busque ese rinconcito de honor que recuerda a este descendiente de Torrecilla en Cameros.

Rafael Astola Alfaro en la actualidad (Triana, Sevilla)

Rafael Astola contrajo matrimonio en Sevilla con la “bailaora” Pilar Vargas Montesinos en cuyo matrimonio se cumplía el tópico tantas veces comentado de torero y “folklórica”. Pero como se suele decir, de casta le viene al galgo, y aunque la tradición taurina parece que ya es cosa de otros tiempos, dos hijos de este matrimonio de “artistas” tienen sus propios proyectos y perpetúan el apellido Astola en tierras sevillanas y en el mundo artístico.  Su hija Pilar Astola Vargas es bailaora de flamenco, mientras que su hijo Alejandro Astola Vargas es un cantante, compositor y productor de flamenco tradicional y fusiones con rock o jazz con varios discos publicados.