Un repaso a la historia, vida y tradiciones de nuestros antepasados.

21 de febrero de 2021

Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal (1828)

Sebastián de Miñano y Bedoya, escritor, periodista, geógrafo y político, nació en Becerril de Campos (Palencia) en 1779 en el seno de una familia hidalga de orígenes navarros. Estudió leyes en la universidad de Salamanca encaminando su formación al mundo del derecho en el que habían ejercido también su padre y abuelo.

Sin dar muchos detalles sobre su vida por no ser objeto de este artículo, podemos definirla como la de uno de los muchos intelectuales de su época a caballo entre dos mundos. Acusados de afrancesados, liberales, protestantes o masones; las idas y venidas al exilio son una constante en muchos de estos individuos al vaivén de los cambios políticos.

Un mundo que se debatía entre el Antiguo Régimen, que si bien había caído abruptamente en Francia, en España todavía se resistía a ceder el testigo a los nuevos grupos sociales que reclamaban cambios en los ámbitos sociales, religiosos, políticos, económicos o culturales. En el lado contrario se encontraba el liberalismo que, con la mirada puesta en Francia y su revolución burguesa, ansiaba esos cambios para España. Muchos de estos liberales aprovecharon la ocasión presentada por la ocupación francesa y la proclamación de José I Bonaparte como nuevo rey para arrancar su nuevo proyecto de país, serán conocidos como afrancesados, entre los cuales estará Sebastián Miñano. La ocupación por las tropas napoleónicas le coge en Sevilla junto con su padre Andrés, y aunque en un primer momento se une a la causa nacional, no tardará en colaborar con los invasores. Esta colaboración le conducirá al exilio en Francia tras la derrota de las tropas napoleónicas.

De regreso a España en 1816, inicia su carrera como escritor con varias obras y colaboraciones en publicaciones del momento destacándose durante el denominado Trienio Liberal (1820-23). La invasión de un nuevo ejército francés, esta vez de signo opuesto al de 1807, restablecía el absolutismo de Fernando VII y mandaba de nuevo a Sebastián Miñano al exilio francés. Al año siguiente logra permiso para regresar a España prosiguiendo su labor como escritor y adentrándose en la de geógrafo. Desengañado con ciertos sectores liberales, pasó a colaborar con el régimen absolutista durante esos años, especialmente en las relaciones diplomáticas con Francia, obteniendo dos de las mayores distinciones de ambos países, la Legión de Honor francesa y la Orden de Carlos III española. Esta última colaboración le acarreará el exilio definitivo con el triunfo del liberalismo a la muerte de Fernando VII. Sebastián Miñano fallecería en Bayona en febrero de 1846.

En 1826 comienza la publicación de la gran obra por la que es más conocido, el Diccionario geográfico y estadístico de España y Portugal. Serán 11 volúmenes que incluyen todas los territorios, provincias y municipios ordenados alfabéticamente y publicados durante tres años que le valdrán un asiento en la Real Academia de la Historia y la dirección del gabinete geográfico de la Secretaría de Estado. 

Tomo IX (Madrid, 1828)

Así en el Tomo VII entre las páginas 321 y 324 se describe ampliamente La Rioja, no como la provincia que acababa de perder tal condición en 1823 tras una fugaz existencia de apenas un año, sino como espacio geográfico con unos límites naturales perfectamente reconocibles que se definen con exhaustividad. A continuación se describen los siete ríos afluentes del Ebro que vertebran el territorio con sus respectivos valles siguiendo una orientación aproximada Sur-Norte. Se dice de La Rioja que: “es país ameno y delicioso, abundante de toda clase de frutos, sin necesidad de que lleven ningunos de fuera, más antes surte a los pueblos inmediatos, singulamente a las provincias vascongadas…Produce muchos granos y vino; poco, pero exquisito aceite; mucho ganado lanar fino; caza y pesca de los ríos Ebro, Neila, Tirón, Oja, Iregua y otros de menos consideracíon. Su industria consiste en fábricas de aguardiente,  paños finos y ordinarios, lienzos de lino y cáñamo, curtidos y loza….Su población excede de 220.000 habitantes…comprenden 430 pueblos en una superficie de 270 leguas cuadradas.

Y define a los riojanos como “robustos y laboriosos, muy dedicados a la agricultura, particularmente a la labranza de las viñas, y muy adictos al servicio de las armas, tanto los nobles como los plebeyos; y las mujeres airosas, llenas de gracia, y muy hacendosas en sus respectivos ministerios”.






Entre las páginas 27 y 28 del Tomo IX podemos encontrar la entrada correspondiente a Torrecilla tal y como sigue, en la que hemos adaptado la ortografía, puntuación y abreviaturas para facilitar la lectura.


TORRECILLA DE CAMEROS, V(illa).R. de España, provincia de Soria, partido de Logroño, obispado de Calahorra, ayuntamiento municipal. 431 vecinos, 1782 habitantes, 3 parroquias unidas. A la principal de tres naves la adorna su elevada torre de bella arquitectura. Un convento de San Francisco, un santuario de Nuestra Señora de Tómalos a distancia de un cuarto de legua. Varias ermitas, un hospicio para pobres, un lavadero de lanas con esquileo, prados y demás oficinas necesarias, dos posadas y muy buenas casas, administración subalterna de correos y loterías. Hay mercado en todos los lunes. Su situación, en la falda, al Sur del monte y puerto llamado del Serradero. Divide la población en dos barrios el río Iregua con puente de Norte a Sur, de un ojo extraordinario por su magnitud. Está el pueblo circundado de montañas muy extrañas y elevadas, formando una vista sumamente agradable. Tiene montes muy frondosos y abundantes de pastos para todo género de ganado, con caza mayor y menor. Confina por el Este con Viguera, por el Oeste con Nieva, por el Norte con Nestares, y por el Sur con Almarza. Disfruta de clima muy sano. Sus productos naturales son robles, hayas, encinas, avellanos y otros arbustos. Jazmines en abundancia, fresas en los montes tan exquisitas como las de los jardines. Infinidad de hierbas medicinales, entre ellas la salvia. Toda especie de frutas muy sabrosas, con la particularidad que hay trece clases de ciruelas. Ensaladas y legumbres, plantío de nogales, grandes choperas en las márgenes del río. Se siembra todo género de granos, aun en lo más elevado de los cerros; pero su cosecha no es suficiente para mantener los habitantes.

Industria: el genio de estos es inclinado al comercio y muchos se hallan establecidos en la Corte y grandes poblaciones de la Península. En tiempos atrás había varias cabañas y sólo ha quedado ya una casa con merinas. La industria se fomenta cada día más en la fábrica de paños. En tres años, poco más, se han establecido cinco máquinas para su elaboración en las que se emplean bastantes artesanos del pueblo y tres molinos harineros. Es muy abundante en aguas naturales, de las mejores que se conocen en España. Hay cuatro fuentes públicas dentro de la población, y a sus inmediaciones se encuentran más de ciento. Con el agua de una de ellas, conocida con el nombre de Río de San Pedro, andan dos de dichas máquinas y seis batanes. Además hay una llamada Rivalosbaños que sus aguas son termales, y es hijuela de los baños de Arnedillo y Fitero. Sus aguas se beben y causan muy buenos efectos en varias enfermedades de estómago, y en particular, en el mal de orina. El río Iregua, que abunda en sabrosas truchas, anguilas y otros peces, nace al pié de la sierra de Cebollera y  puerto de Piqueras. Pasa por las villas de Villoslada, Lumbreras, Villanueva, Pradillo, Torrecilla, Viguera, Nalda, Albelda, entrándose en el Ebro a media legua de la ciudad de Logroño. Este hermoso y cristalino río, después de hacer andar en la sierra varias máquinas de cardar e hilar lana, muchos batanes y molinos, riega los campos de eta parte de Rioja llevando sus aguas por Islallana y entrena hasta Navarretee y Fuenamyor.

De la cabeza de partido dista 5 leguas, 11 de la capital y 44 de Madrid. En esta serranía de Cameros hay minas de oro y plata según noticias de la antigüedad y el examen que en el día hacen algunos curiosos y aficionados; pero faltan los verdaderamente inteligentes. Lo cierto es que alguna de estas sierras, y en particular las cañadas que suben a Serradero, tienen mucha semejanza con las famosas de Guanajuato (real de minas y ciudad en el reino de Méjico), donde se halla la llamada Valenciana, la más rica y poderosa que se ha conocido en todas las Américas.

Entre las cosas notables y extraordinarias de esta villa, debe hacerse memoria de una cueva llamada Lúbriga, por las preciosas petrificaciones que se encuentran en ella. Se halla en el centro de una montaña que tendrá una legua de circunferencia. Su entrada, que dista del pueblo un cuarto de legua poco más, la tiene a una falda de aquella. Al principio sólo se ven las grandes concavidades, ya anchas, ya altas que la naturaleza ha formado. A la mitad del camino se empiezan a ver las citadas petrificaciones formadas por las gotas de agua que destilan aquellas bóvedas subterráneas. Conforme se va internando en lo hasta aquí descubierto, se admiran la inmensa variedad de figuras y colores. Allí se ven columnas de todos tamaños y especies, doseles, colgaduras, cielos hermosos, templos bien formados, otros destruidos, fuentes con tazas y caños, figuras de imágenes de hombres, de frutas, de animales, etc. En el centro se encuentra una fuente cristalina que siempre conserva la misma cantidad de agua. A su lado está la mina que da el Bol en abundancia, tan bueno como el de Armenia, y aun mejor según algunos inteligentes. Se ven varias columnas al aire sostenidas sólo por el pie. Tienen muchas y vistosas labores, así como otras infinitas piezas habiéndose sacado bastantes que han sido conducidas a Cádiz y a Inglaterra. Aun todavía se podrían descubrir otros departamentos, pues se observan en las extremidades de las bóvedas boquerones y entradas. Toda la pintura que se haga es poca en comparación de lo que tiene que admirar el que entre en ella, pues seguramente es digna esta preciosa cueva de que fuese vista y registrada por un sabio naturalista para que, imitando al autor de la obra titulada “Encantos de la naturaleza”, hiciese una descripción tal cual se merece. Tiene de larga como mil pasos, y es su longitud de Este a Oeste.

Desde Lumbreras a este pueblo hay 5 horas y tres cuartos de marcha militar, en cuyo intermedio se encuentran Villanueva de Cameros y Pradillo. Es patria de don Antonio Azpeitia Sáenz de Santa María, fue electo obispo de Lugo en 19 de diciembre de 1814, y trasladado a la santa iglesia de Cartagena en marzo de 182. Contribuye con 21.724 reales y 33 maravedís.

 








 

23 de enero de 2021

Diccionario Geográfico-Histórico de España (1846)

 


Torrecilla en Cameros según el Diccionario Geográfico–Histórico de España  

Angel Casimiro de Govantes (Madrid, 1846).

Páginas 193-194

 

TORRECILLA DE CAMEROS, villa de la provincia de Logroño en la sierra de Cameros, cabeza de partido judicial; 7 leguas S.O. de Logroño.

Esta villa fue legada por la reina doña Estefanía, viuda del rey D. García el de Nájera, con Leza y otros pueblos a su hijo el infante D. Ramiro: Moret insertó el testamento en el número 11, capítulo 2º, libro 14 de los Anales de Navarra.

En el año 1081 el Infante dio al monasterio de Santa María de Nájera las mismas villas. Archivo de Santa María. La iglesia de Torrecilla era una de las que demandaban al monasterio de Santa María los Obispos de Calahorra en el siglo XII. No se comprendió esta villa entre los pueblos del señorío de Cameros dado a Don Juan Ramírez de Arellano por D. Enrique II en el año de 1366, acaso porque pertenecía al monasterio de Santa María.

Torrecilla tiene tres parroquias unidas a la principal, un santuario titulado nuestra Señora de Tómalos a un cuarto de legua; varias ermitas, y hospicio para pobres, había un convento de padres franciscanos.

Fue natural de Torrecilla de Cameros, Juan González de la Fuente, Agustino, que escribió la Historia de la provincia de San Agustín de Mechoacán. D.N.A.B.N.

En todo tiempo ha producido varones eminentes, especialmente Obispos, y en el nuestro los dos Ilustrísimos hermanos Don José y D. Ramón Azpeitia y Santa María, Obispo el primero de Lugo y Murcia, y el segundo de Tudela.

Es cabeza del arciprestazgo de Camero Nuevo que comprende trece pilas; Almarza, Gallinero, Lumbreras, Nieva, Montemediano, Hortigosa, Pajares, Paña los Cantos o los Cientos, Pinillos, Pradillo, el Rasillo, Villoslada, Villanueva, Aldea Nueva su aneja.

Situada a la falda S. del puerto y monte del Serradero; divide la población en dos barrios el río Iregua, que tiene un puente de piedra de N. a S. Rodeado el pueblo de frondosos montes es muy sano, abunda de buenas aguas,  y ofrece buena perspectiva. Con la abundancia de agua se mueven cinco máquinas para la elaboración de paños.

Hay en su jurisdicción una fuente termal que llaman Riva-los-Baños, y una famosa gruta de mil pasos de largura y corre de E. a O. llena de cristalizaciones que llaman Lúbriga.

El río Iregua regala a Torrecilla excelentes truchas. Fue de la provincia de Burgos, partido de Logroño, posteriormente de Soria; era villa real.

Prod. granos, pastos, legumbres y ganado lanar fino y basto.

Ind. Fábricas de paños y bayetas.

Pob. En el censo de la población de la corona de Castilla  en el siglo XVI, está en las adicciones en el artículo de Nájera con otros muchos pueblos empadronada por 272 vecinos, 1360 almas.

En el Diccionario Geográfico publicado en Barcelona en 1830 y siguientes, 372 vecinos, 1782 almas.

En el censo de la nueva provincia de Logroño, 452 vecinos, 2198 almas. 

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Ángel Casimiro Govantes Fernández de Angulo

Foncea (La Rioja), 3/03/1783 – Madrid, 27/04/1852.

Hijo de Celestino Govantes y Ana Fernández de Angulo, nació en la villa riojana de Foncea, perteneciente al partido judicial de Haro e integrada, en aquel momento, en la provincia de Burgos. Emprendió estudios de Filosofía y Jurisprudencia en la Universidad de Santiago de Compostela, donde se graduó en junio de 1802. Continuó especializándose en Derecho Canónico, pasando a la Universidad de Valladolid, donde superó un curso de Cánones en 1807.

Desde allí, se incorporó a la Universidad del Burgo de Osma, donde obtuvo el título de licenciado y acabaría doctorándose en 1826.

Desde muy joven mostró inequívocas inquietudes políticas y llegó a ser elegido representante de la provincia de Burgos en las primeras Cortes de la historia española, las de Cádiz de 1810-1812, aunque su disolución le llevó a entregarse de lleno a la carrera judicial. Tras estrenarse como abogado en Valladolid y una vez que hubo contraído matrimonio con Juana Merino (1 de junio de 1814), fue nombrado alcalde mayor de la Audiencia de Asturias en noviembre de 1815. Allí, en la capital del Principado, tuvo ocasión de manifestar su preocupación por la mejora de las condiciones educativas y sanitarias de la provincia, al integrar la Comisión que se formó para la realización de un plan para la puesta en marcha de las escuelas de primeras letras, con las dotaciones necesarias, y formar parte, además, de la Junta Superior de Sanidad.

El período liberal abierto en 1820 le permitió retomar su compromiso político. Volvió a representar a Burgos en las Cortes del Trienio Constitucional (legislatura de 1820-1821) y formó parte de la Comisión Primera de Legislación y la del Código de Procedimientos.

Asimismo, fue nombrado en 1821 magistrado de la Audiencia y Chancillería de Valladolid.

La nueva interrupción del proceso de implantación liberal afectó de lleno a su propia trayectoria. La reacción absolutista llevó a su depuración profesional, al ser suspendido de sueldo, encausado y multado por la sala del Crimen de la propia Chancillería, cesando así su carrera judicial. Los avatares que sufrió a partir de entonces fueron innumerables: fue desterrado de la Corte y Sitios Reales, permaneció bajo arresto domiciliario y fue secuestrado por los carlistas en noviembre de 1833, siendo rescatado tras el fallecimiento de Fernando VII a cambio de una fuerte suma de dinero.

Precisamente, la desaparición del Monarca absoluto y la apertura liberal encabezada por la reina regente María Cristina desde 1834 hicieron posible su deseada rehabilitación política y profesional.

Tras serle devuelta la libertad a través del oportuno Decreto de Amnistía, fue repuesto en la plaza de oidor en la Audiencia de La Coruña y fue nombrado fiscal en propiedad del Tribunal Supremo de Hacienda, ascendiendo pronto a ministro del citado tribunal.

Al extinguirse éste y refundirse en el Tribunal Supremo de España e Indias, se le hizo ministro del nuevo tribunal en 1835 y, ya en agosto de 1836, fue designado magistrado del Tribunal Supremo. Sin embargo, y por desavenencias políticas, al estar más cercano a los liberales moderados, resultó separado de su cargo en octubre de 1840 en plena regencia de Espartero, si bien acabó jubilándose poco después, en 1841. En todo este trayecto compartió inquietudes y foros políticos con su hermano Pablo, que fue elegido diputado a Cortes en las legislaturas de 1837, 1840 y 1844.

Aunque fue repuesto en su plaza por Decreto de diciembre de 1843, una vez apartado Espartero de las responsabilidades políticas, Ángel Govantes dedicó los últimos años de su trayectoria pública a la preparación de valiosos trabajos históricos bajo la supervisión de la Real Academia de la Historia, institución de la que era individuo supernumerario desde 1841.

Su principal aportación fue la elaboración del Diccionario geográfico-histórico de España, con el que, según sus propias palabras, pretendía seguir los pasos de tres eminentes historiadores y académicos riojanos, el padre Risco, Juan Antonio Llorente y Martín Fernández de Navarrete, quien había llegado a presidir la Real Academia de la Historia. Imbuido de las corrientes historiográficas francesas de la época y de autores como Jules Michelet, que habían apostado por reconstruir y transmitir a los ciudadanos la historia de la nación francesa, Govantes se planteó llevar a cabo el análisis de “la antigua geografía e historia, procurando estimular a este género de estudios, ya para que perfeccionen su obra otros más doctos escritores, ya para que se formen Diccionarios históricos de todas las provincias y se pueda llegar algún día a obtener uno general exacto”. El trabajo vio la luz en 1846 en la Imprenta de los Señores Viuda de Jordán e hijos y se convirtió en un referente inexcusable del conocimiento no sólo de la tradición histórica sino de la realidad demográfica y económica de los diferentes núcleos de población del país. Algunos años después, aparecería una nueva obra de similares características, el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, dirigido por Pascual Madoz, que completaría y actualizaría el trabajo de Govantes.

La valía y la dedicación mostradas le hicieron acreedor al reconocimiento de sus contemporáneos. Además de su vinculación a la Real Academia de la Historia, siendo nombrado académico de número el 3 de octubre de 1845, perteneció también a la Real Academia de San Carlos establecida en Valladolid y fue nombrado por Real Decreto senador vitalicio del reino en 1845. Murió en Madrid el 27 de abril de 1852.

Fuente: Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico Español

José Luis Ollero Vallés

 

 

11 de diciembre de 2020

La industria del mueble en Torrecilla en Cameros (VI): Comienza un proyecto.

Tenemos aquí la sexta y última entrega con la que se culmina el capítulo introductorio que pretende mostrar el punto de arranque de la industria del mueble en Torrecilla en Cameros. 

Hasta el momento han sido cinco capítulos más o menos extensos en los que se ha pretendido hacer llegar las motivaciones que nos han llevado a realizar esta tarea (I); una breve introducción de la primitiva industria torrecillana (II); las dos bases sin los cuales no hubiese sido posible cimentar el nacimiento de esta industria (III y IV) y por último, un amplio repaso a la vida de Torrecilla en 1917, año en el cual arranca definitivamente esta historia (V).

Terminamos esta primera serie de artículos viendo como todos los anteriores convergen en ese año de 1917, esperando que lo antes posible podamos sumergirnos en la narración de la ya en funcionamiento industria de la madera y el mueble en Torrecilla.

Como siempre, para el que desee una lectura completa, el siguiente índice enlaza con los distintos artículos.

 
VI. - Comienza un proyecto

En la anterior entrada de esta serie de artículos habíamos dado un repaso exhaustivo a Torrecilla en Cameros y sus gentes en 1917, año fundamental que podemos considerar el punto de partida de la industria de la madera y el mueble en la localidad. Previamente vamos a dar unas notas adicionales a la sociedad de Torrecilla en esos años. 

Vista de Torrecilla en Cameros: Anuario de la Provincia de Logroño, 1915.

Habíamos visto que casi la mitad de la población se dedicaba a la agricultura como jornaleros o braceros con malas, escasas o nulas propiedades. Esa casi mitad de población escondía una cruda realidad, la abismal desigualdad económica existente entre una mayoría de población empobrecida y una minoría privilegiada, lo que se traducía en una gran desigualdad social. 

No dejaba de ser una circunstancia similar a la que se daba en cualquier localidad de su entorno, reminiscencia de épocas pasadas. Sólo las poblaciones importantes del valle del Ebro, con una incipiente industria, habían atenuado esta diferencia de clases sociales presente desde hacía siglos, gracias al acceso a salarios regulares proporcionados por las nuevas fábricas y comercios creando así una nueva y numerosa clase media. Esta naciente industrialización, que había sido un motor más del despoblamiento progresivo de la serranía riojana, en Torrecilla encontrará un freno con sus fábricas de muebles.

Un ejemplo ilustrativo de la desigualdad económica y social entre los habitantes de Torrecilla en 1917 la tenemos en el contraste que nos proporcionan las dos fuentes siguientes. Como es tónica habitual, el diario La Rioja solía hacerse eco de las que podemos denominar, noticias de sociedad de Torrecilla. Sirva de ejemplo la crónica del 14 de agosto en la que como es habitual no faltan los epítetos de costumbre: virtuosa señora, personas de más viso, distinguida o bondadosa esposa, simpático joven y otros muchos calificativos siempre referentes a distinguidas personalidades de la sociedad torrecillana. Remata la noticia el diario con la narración de una excursión a Cueva Lóbrega en la que no faltaron, "varias fotografías... y suculenta merienda, en la que descorcharon varias botellas de champan”. De igual modo, en fechas dispares, abundan las noticias de celebraciones diversas: bautismos, bodas, cumpleaños, banquetes diversos, obras teatrales, o bailes benefico-sociales; repitiéndose en todos ellos como protagonistas los apellidos de las mismas familias.

La Rioja, 14 de agosto de 1917
 

Estas crónicas de sociedad contrastan con la documentación municipal relativa a la beneficencia local por esos años. Como era tónica habitual, a comienzos de 1917 se inicia una suscripción popular a iniciativa del Ayuntamiento para socorro de braceros y pobres de solemnidad durante el invierno. Parece ser un tema recurrente ya que la suscripción se inicia con el sobrante de la efectuada el año anterior en poder del alcalde con 24,75 pesetas y proseguirá igualmente con otra a comienzos de 1918. El Ayuntamiento aporta de salida 100 pesetas complementadas con las de otros 27 donantes más cuyas aportaciones oscilan entre 1 peseta, y la habitual generosidad de los emigrantes que no faltan a estas cuestaciones benéficas con importantes sumas como los hermanos Daniel y Ángel Sáenz-Diez de Vigo o Ricardo García, desde Madrid. El total de lo recaudado este año que nos ocupa asciende a 712,25 pesetas.

Se lleva contabilidad exhaustiva de la inversión a la que se van a destinar esos fondos. Por un lado constan 93 braceros o jornaleros, entiéndase casi familias ya que son exclusivamente varones, a los que se pone nombre y apellidos, que se benefician de este socorro municipal. Así los días 9 y 11 de febrero y 27 de marzo se reparten raciones de pan a todos ellos.  Igualmente se emplean en diversos trabajos municipales con jornal a cargo de este fondo de socorro. Suponemos que los jornales diarios se pagan en función de las necesidades particulares de cada uno, oscilando entre ninguno y 8 días, siendo lo más abundante dos días. En todos ellos los salarios son a razón de 1,75 pesetas/día de trabajo efectuado en diversos asuntos municipales: plantar y/o arrancar tilos y chopos en diversos sitios y sus cuidados sobre todo en la zona del Lavadero, colocar estacas o regarlos, retirar escombros acumulados, alquiler de yuntas y caballerías para esos trabajos, figuran muchos sueldos empedrando calles, incluso se revoca el puente que cuesta entre salarios y material 65 pesetas. Todos estos trabajos se desarrollan en la primera parte del año hasta agosto.

Continúa el desglose de la suscripción con otra lista de 58 personas, 49 de ellas mujeres, definidas como pobres de solemnidad, que reciben medias raciones de pan esos tres días indicados. Esta circunstancia nos puede hacer pensar en su posible viudedad de las beneficiarias o ausencia de esposo por cualquier motivo. Cuando se liquide la cuenta de 1917 se han empleado la práctica totalidad de los ingresos obtenidos de la suscripción, dejando sólo un remanente de 4 pesetas con la que se inicia la suscripción a comienzos de 1918 en la que recaudan 894,50 pesetas.

Veremos en este estudio como la industria de muebles que nos ocupa ejercerá como ese motor económico que fije población y haga desaparecer progresivamente estas desigualdades económicas y las sociales que consecuentemente iban aparejadas. Mientras tanto, hecho este exhaustivo repaso general a los antecedentes que hicieron posible el comienzo de lo que en un futuro no muy lejano será un importante proyecto industrial, y la situación de Torrecilla en Cameros y sus gentes en torno a 1917, retomamos la historia del nuevo negocio que estaba próximo a comenzar.

En los primeros meses de 1917, Alejandro Sáenz de Tejada traslada su residencia desde Nalda a Torrecilla donde se instala en el número 1 de la calle de Pedro Sagasta junto a su esposa y sus dos hijas, María Celsa y María Teresa. Desconocemos si el traslado fue la causa o la consecuencia de los negocios que estaba próximo a iniciar o simplemente pretendía estar más cercano a su extensa hacienda forestal, agrícola y urbana para hacer una gestión más directa. En Torrecilla residían también su hermana Sixta y su cuñado Francisco Castells, coprotagonistas del comienzo de esta historia en la que fue casa natal de Sagasta.

Nos situamos exactamente un 17 de febrero de 1917. Los hermanos Sixta y Alejandro Sáenz de Tejada Moreno, poseedores por herencia de su padre José María Sáenz de Tejada Manso de Velasco de las 3/8 partes del monte de Rivabellosa, adquieren por compra a sus primos, el resto de la finca y Coto Redondo.

El monte y su mayorazgo había llegado indiviso hasta las manos de Rafael Ramón Sáenz de Tejada Cabezón, nieto de Juan Manuel Sáenz de Tejada García-Morales que era a su vez hermano del fundador Martín Sáenz de Tejada. Casado con Eustasia Balbina Manso de Velasco en 1812, abolidos los señoríos y mayorazgos en los siguientes años por el nuevo régimen liberal, la propiedad se dividió entre sus hijos Celestino, Andrea y José María. Luego pasaría a manos de los hijos de éstos, e incluso de los nietos de Celestino, al fallecer su hijo Tomás Sáenz de Tejada casado en segundas nupcias con Matilde Gil López de Marquina.

Con la propiedad ampliamente dividida, nos presentamos ese año de 1917 con las 4/8 partes del monte propiedad de los hermanos María Tomasa, María Balbina e Ignacio María Sáenz de Tejada Gil, residentes todos en Logroño y representados por el esposo de la primera e ingeniero de montes, Jesús Briones García-Escudero. La octava parte que quedaba era de los hijos de Andrea Sáenz de Tejada y Félix Albarellos: Braulio, María Rafaela, Esteban y Rafael Albarellos Sáenz de Tejada. Braulio había comprado su parte a Rafael, y Esteban, que había estado casado con su prima Sixta Sáenz de Tejada, había fallecido sin dejar descendencia.

Junto al terreno se describen hasta ocho propiedades en casas, corrales y pajares que están en manos de cada uno de estos tres grupos familiares. Únicamente la que se denomina como “casa principal” situada junto a la iglesia del pueblo, pertenece por terceras partes iguales. La mayoría de estas edificaciones desaparecerán en los años 30 con la construcción del sanatorio por la Diputación de Guipúzcoa.

El importe total de la compra asciende a 81.000 pesetas a razón de 75.000 por las 4/8 partes de los tres hermanos Sáenz de Tejada Gil, aplazadas a los tres años sucesivos con cierto interés y garantía hipotecaria de la misma finca que se vende; y 6.000 pesetas a favor de los dos hermanos Albarellos Sáenz de Tejada.

De este modo, la propiedad de la totalidad del monte y su aldea vuelve a concentrarse en manos de los hermanos Alejandro y Sixta Sáenz de Tejada Moreno y sus cónyuges, Teresa Castells Angulo y Francisco Castells García como bienes gananciales de sus matrimonios.

Del inmenso tamaño de la propiedad que ahora administraban en exclusiva los Sáenz de Tejada y Castells, da idea la descripción que en documento de la compra se hace en la que se indica: “son dueños en común proindiviso de todo el territorio Coto Redondo denominado Rivabellosa cuya cabida se ignora”, y en la que tan sólo se mencionan los términos municipales de los pueblos con los que linda: “al Norte con territorios de Viguera y Torrecilla; poniente con los de éste última villa y de Almarza; Sur con los de éste último y Muro, y Oeste con los de Muro y Torre.”

En 1933, dentro del ambicioso proceso de reforma agraria que la naciente II República se disponía a poner en marcha, se elaboró un Registro de la Propiedad Expropiable que incluyese todas las fincas susceptibles de tal hecho expropiatorio. En dicho registro, la finca de Rivabellosa, situada íntegramente en el término municipal de Almarza de Cameros, tiene una superficie de casi 1.100 hectáreas, siendo la más grande de las que figuraban en aquel registro correspondiente a la Provincia de Logroño. La expropiación se frustraría al año siguiente con la victoria de la Coalición Española de Derechas Autónomas (CEDA), una de cuyas cabezas en La Rioja era el hacendado y coronel de ingenieros Ángeles Gil Albarellos, hijo de Rafaela Albarellos Sáenz de Tejada, prima de Alejandro y Sixta, y por lo tanto una de las expropietarias a las que habían comprado su parte unos años antes. Veremos aparecer varias veces a Ángeles Gil Albarellos en esta historia en su faceta de ingeniero con ocasión de las importantes obras de reconstrucción que se harán en el edificio de La Huesera con motivo de varios siniestros.

Siguiendo la secuencia cronológica de los hechos, el 5 de mayo fallecía, a los 78 años, Teresa Moreno Martínez, madre de Alejandro y Sixta Sáenz de Tejada Moreno, por lo que también heredan su hacienda y la parte de los bienes gananciales que le correspondían de su marido José Mª Sáenz de Tejada en Torrecilla y Rivabellosa. Aunque todavía no lo parezca, tras esta larga y farragosa introducción, ya tenemos casi cerrado el círculo que sienta las bases de lo que en los próximos años será la naciente industria del mueble curvado en Torrecilla en Cameros. 

Tras la compra de la totalidad del monte de Rivabellosa, Alejandro Sáenz de Tejada y su cuñando/suegro Francisco Castells tomaron la decisión de tratar de sacar un nuevo provecho al monte de su propiedad que venían explotando años antes. El objetivo es sumar a la tradicional venta de lotes de árboles a mayoristas madereros, la producción propia de productos elaborados empleando como aserradero la antigua fábrica de papel de la Huesera que habían heredado. Para ello, según consta en la Matrícula Industrial de ese año, instalaron dos sierras circulares de 60 y 74 centímetros de diámetro dando comienzo a una pequeña actividad industrial en el viejo edificio de La Huesera. Recordemos que el 20 de octubre de ese año 1917, en la aceptación de la herencia de la tía por su esposa, ya se decía de la fábrica: “destinada a la fabricación de papel y en la actualidad a la fabricación de maderas”, por lo que el negocio había comenzado a andar.

En años posteriores irán adquiriendo otras de las muchas partes de la propiedad hasta completarla en 1920 con la permuta que se hizo con Celestino Córdoba que todavía ostentaba 1/64 parte de la propiedad que había comprado a Dionisio y Juana Munilla Lázaro en 1902. Teresa Castells, al igual que con la fábrica de papel, había heredado una parte sustancial del  molino harinero que se había edificado  junto a ella al mismo tiempo en 1839. Ambas partes deciden intercambiarse sus participaciones y compensarse económicamente, quedando Celestino Córdoba con el molino harinero y Teresa Castells con la parte de la antigua fábrica de papel. El valor económico que se asigna a estas partes nos arroja un valor del edificio de 32.500 pesetas.

Pero, parece ser que colocar dos sierras circulares en una vieja fábrica de 80 años, accionadas por un salto de agua, no era suficiente para montar un negocio en un entorno con empresas del mismo sector competidoras (Villanueva, Villoslada y Ortigosa) y con más experiencia como veremos. Eran años en los que la industria estaba despegando con nueva y sofisticada maquinaria, especialización de productos, formación de trabajadores, y en los que hacía falta algo más que voluntad. Entra aquí en escena un personaje misterioso, casi desconocido, que con los escasos datos recopilados se antoja fundamental para el comienzo primero de la industria de la madera, y después su reconversión en industria del mueble en Torrecilla en Cameros.

Llegamos por fin a aquella mañana de 25 de octubre de 1917 con la que iniciamos la narración en el primer artículo de esta serie en la que tres hombres entran por la puerta de la notaría local. Dicho día se firma en Torrecilla en Cameros ante el notario don Antonio Alaminos García la escritura de constitución de la compañía mercantil regular colectiva otorgada por don Alejandro Sáenz de Tejada Moreno, don Francisco Castells García, y don Enrique Camps Gómez bajo la denominación social de: “Sáenz de Tejada, Castells y Camps”. De este modo se cierra el círculo de los orígenes, dando forma, legalidad y una nueva y mayor dimensión al naciente proyecto industrial.

Aunque todos hemos oído hablar de los valencianos Manuel Pascual Salcedo y su fugaz socio, Juan Bautista Mocholí, no será hasta 1924 cuando aparezcan en esta narración. En este intervalo de tiempo que va de finales de 1917 al verano de 1924 veremos crecer el negocio, no sin dificultades, a partir de esa primera Sociedad Mercantil. Veremos como un simple aserradero de madera se transforma en una completa fábrica de muebles curvados, de moda por aquellos años. Surgirán otras dos sociedades con la presencia en ambas de Alejandro Sáenz de Tejada y otros socios. Para conocer más sobre las vicisitudes de la sociedad maderera “Sáenz de Tejada, Castells y Camps” y las que le sucederán en años posteriores, tendremos que esperar todavía un poco más hasta próximos capítulos.

Veremos cómo, al igual que pasó en 1969, en que muchos torrecillanos emigraron siguiendo su puesto de trabajo, hasta esa fecha, fueron otros los que recalaron en Torrecilla ante la oportunidad de trabajo que le ofrecía la fábrica de muebles y contribuyeron al crecimiento de la industria y la villa. Veremos cómo la fábrica de muebles supuso una nueva oportunidad en un entorno que se despoblaba irremediablemente sumergido en una gran crisis económica y demográfica que se venía arrastrando desde hacía años por falta de trabajo. 

...pero para todo ello, tendremos que esperar.

 

David Pardo García

pardodavid77@yahoo.es


 

 

15 de noviembre de 2020

José Luis Tejada Sorzano: un Presidente con ascendencia en Torrecilla en Cameros

Dentro de los flujos migratorios que desde Torrecilla en Cameros partieron en diversos periodos hacia América se encontraban a mediados del siglo XVIII dos miembros de dos de las familias con mas raigambre en la historia de Torrecilla: Sáenz de Tejada y Ruiz de Sorzano. 

Asentados en el antiguo Virreinato del Perú, lograron prosperidad económica y social, afianzando lazos y confluyendo sus familias. Esta es la historia de su descendencia en tierras americanas...


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