Un repaso a la historia, vida y tradiciones de nuestros antepasados.

23 de marzo de 2020

La industria del mueble en Torrecilla en Cameros (III): El monte de Rivabellosa

En entradas anteriores habíamos hecho una pequeña introducción de los motivos que pueden justificar un estudio tan pormenorizado que nos puede servir de pretexto para conocer la historia de Torrecilla y sus gentes durante algo más de medio siglo XX.

Retomamos el estudio de la Industria del mueble en Torrecilla en Cameros con una nueva entrada relativa a uno de los dos pilares sobre los que, a mi juicio, se originó y sustentó esta industria: el monte o Coto Redondo de Rivabellosa.

Dado que he observado una disparidad de lecturas de las dos entradas hasta ahora publicadas, al comienzo de cada nuevo artículo se ofrecerán los enlaces de los anteriores a modo de Índice para el que quiera hacer un lectura continuada desde el comienzo o refrescar datos.

Enlace de artículos hasta la fecha:



III - EL MONTE O COTO REDONDO DE RIVABELLOSA

El perspicaz lector se puede preguntar cómo Torrecilla se abrió al proceso industrializador del siglo XX con una fábrica de muebles cuando era una actividad de nula presencia incluso a nivel provincial, más allá de los tradicionales artesanos carpinteros de escasa producción doméstica.

Para su respuesta no hace falta ser tan audaz. Torrecilla y los Cameros en general son una comarca en la que abunda la madera de diversa tipología. Existe todo un abanico de especies desde los frutales o chopos en las riberas y huertos del Iregua a las apreciadas hayas y robles de las zonas más elevadas. Veremos en próximas ocasiones como en localidades cercanas como Villoslada o Villanueva habían surgido en los últimos años pequeñas serrerías madereras para aprovechar estos recursos naturales.

Pero para comenzar un negocio hace falta además de materia prima, un lugar en el que desarrollarlo y un capital con el que financiarlo. Estos dos últimos llegaron de la mano de la familia Sáenz de Tejada, por aquel entonces una de las mejor situadas social y económicamente en Torrecilla y todo el valle medio del río Iregua. Se dio la circunstancia que en las figuras de Alejandro Sáenz de Tejada Moreno y su esposa, Teresa Castells Angulo, se unió la propiedad del monte de Rivabellosa, la antigua fábrica de papel de La Huesera, el capital y la iniciativa para arriesgar en un novedoso modelo industrial por aquel entonces, no sólo de Torrecilla, sino de toda La Rioja. Veamos a grandes rasgos ese proceso previo, en esta ocasión centrados en el monte de Rivabellosa.

Sanatorio de Rivabellosa
Límites aproximados del antiguo Coto de Rivabellosa










El monte de Rivabellosa, aunque hoy está dentro del término municipal de Almarza de Cameros, históricamente ha estado ligado, al igual que casi todos los Cameros, a las grandes familias nobiliarias de la zona. Sería muy complejo, tedioso y fuera del objetivo de este artículo nombrar las manos por las que pasó esta propiedad a lo largo de los siglos hasta recalar en las de Alejandro Sáenz de Tejada y su familia, pero a groso modo podemos resumir lo siguiente. La referencia documental más antigua está ligada al linaje de origen navarro de los Zúñiga o Estúñiga establecidos en tierras riojanas en la segunda mitad del siglo XIII. El obispo de Calahorra, Diego de Estúñiga, hizo mayorazgo en Logroño en 1439 en favor de su sobrino Íñigo Ortiz de Estúñiga, legándole todos sus señoríos en La Rioja entre los que comprendía derechos en Castroviejo y Rivabellosa. 

El 14 de septiembre de 1481 Alonso Ramírez de Arellano y Enríquez de Castilla, IV Señor de los Cameros y I Conde de Aguilar de Inestrillas, compra los lugares de Torre, Luezas y Rivabellosa a Diego Arista de Zúñiga por las deudas contraídas durante su prisión en Navarra a causa de las guerras del reinado de Enrique IV y en la defensa de Nájera. Esta compra no debió ser en su totalidad conservando los Zúñiga ciertos derechos. De este modo una parte de Rivabellosa pasa a manos de los Ramírez de Arellano, señores de Cameros. En 1776 la propiedad recae en el V Duque de Abrantes por herencia de su madre Francisca de Paula Zúñiga, cuya sobrina-nieta, XIV Condesa de Aguilar de Inestrillas había muerto sin descendencia.

Por otro lado, los Zúñiga devinieron genealógicamente con el paso de los años en los Manso de Zúñiga, Condes de Hervías, entre otras posesiones y títulos en la Rioja Alta. Muy relacionados con la abadía de San Salvador de Cañas de las que varios miembros de la familia fueron abadesas, en algún momento desgajaron parte de esa propiedad en beneficio de la abadía y otras instituciones religiosas.
El señorío contaba con una pequeña aldea de orígenes desconocidos que por esos años, según el censo del Conde de Aranda (1768-69), tenía una población de 5 hombres y 7 mujeres.

Transcurren los años y el torrecillano Martín Sáenz de Tejada y García de Morales, capitán de artillería, caballero de la Orden de Carlos III y secretario personal y albacea testamentario de su paisano José Antonio Manso de Velasco, Conde de Superunda, se instala en Logroño tras la muerte de éste en su destierro cordobés en 1767. Había regresado de América con cierta fortuna a la que se unieron 6.000 pesos donados por el Conde de Superunda en su testamento.

En 1778 funda el mayorazgo de los Sáenz de Tejada que incluía la posesión de dos millares o dehesas llamados “el Malogrado Alto” y “las Peraltas” en el Real Valle de Alcudia de la provincia de La Mancha en las que pastaban sus 2.260 cabezas de ganado lanar. Incluía además de la casa principal con sus armas en la villa de Torrecilla en Cameros y de unas treinta heredades principalmente entre la dicha Torrecilla y Viguera. En 1787 compra al Duque de Abrantes la mitad del monte de Rivabellosa que poseía en copropiedad con el Conde de Hervías y la comunidad de religiosas bernardas del Monasterio de Cañas y lo añade al Mayorazgo familiar de los Sáenz de Tejada. La posesión y el disfrute de este monte será fuente de conflicto con los vecinos de Torrecilla y Almarza a lo largo de los años siguientes en números pleitos entablados con sus respectivos Ayuntamientos.

A mediados del siglo XIX, la aldea tenía cuatro familias con unos 17 habitantes. Entran en escena las sucesivas desamortizaciones civiles y eclesiásticas de los gobiernos liberales. La propiedad improductiva en manos señoriales y eclesiásticas pasa al Estado que los pone en pública subasta. En 1865, abolidos ya los señoríos y mayorazgos pero conservando la propiedad de su parte, José María Sáenz de Tejada y Manso de Velasco y sus hermanos adquieren por compra al Estado el resto del monte de  Rivabellosa disponiéndose a deslindarlo, amojonarlo y constituir un Coto Redondo. Ya por completo en manos de los Sáenz de Tejada, el monte es aprovechado para la explotación ganadera y forestal.

José María Sáenz de Tejada casó con Teresa Moreno Martínez, natural de Almarza, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos: Sixta y Alejandro Sáenz de Tejada Moreno. Será esta rama familiar la que se encargará de la gestión del monte y acabará finalmente con la propiedad en exclusiva del mismo en años posteriores, mientras que sus primos encaminaban sus vidas hacia otras localidades y profesiones. Los Sáenz de Tejada Gil orientados a la abogacía y judicatura en Logroño, mientras los Albarellos Sáenz de Tejada de Logroño y Viguera hacia la carrera militar principalmente.

Es complejo desentrañar el proceso de disgregación y agrupación de propiedades dada la proliferación de matrimonios con variados vínculos familiares. Alejandro Sáenz de Tejada casaría con Teresa Castells Angulo, hija de Francisco Castell García, juez municipal de Torrecilla y nieta de Francisco Castells Navarro, natural de Úbeda y notario de Torrecilla. También era nieta de Salvador Angulo Aragón, natural de Soto y uno de los mayores propietarios de Torrecilla y Nestares, a su vez también emparentado con los Sáenz de Tejada por matrimonio.

Años atrás, Francisco Castells García, una vez viudo de su primera esposa, había contraído matrimonio con Sixta Sáenz de Tejada Moreno, también viuda de su primo carnal Esteban Albarellos Sáenz de Tejada. De este modo Francisco Castells García se convertía a la vez y sucesivamente en cuñado y suegro de Alejandro Sáenz de Tejada Moreno en un claro ejemplo de la endogamia presente en aquellos tiempos en las clases dirigentes económicas y sociales de la zona.

Como esposo, dado el papel de la mujer en la época, Francisco Castells asume la dirección de la parte de los negocios de su esposa Sixta junto con su cuñado Alejandro Sáenz de Tejada. Son frecuentes los viajes de ambos a Extremadura en busca de buenos potros y mulas que crían en el monte de su propiedad y pasean por ferias de ganado de la zona, como la de Logroño de 1904 a que hace mención La Rioja.


Junto a la explotación ganadera estaba la forestal. Además de la venta frecuente de lotes de leña de haya o roble, se publicitan en La Rioja anuncios de carbón vegetal de encina para cuya elaboración se traían cuadrillas de carboneros vizcaínos.


Pero veamos unas notas de quien era Alejandro Sáenz de Tejada Moreno. Había nacido en la casa familiar de Rivabellosa el 26 de febrero de 1877, siendo el segundo hijo de José Mª Sáenz de Tejada y Manso de Velasco y Teresa Moreno. Tras la temprana muerte de su padre, la infancia y juventud las pasó en Torrecilla junto a su madre y hermana estudiando en el Colegio de 2ª Enseñanza de El Rasillo. Como correspondía a su situación socioeconómica, fue un miembro activo de la sociedad torrecillana del cambio de siglo. Sirva de ejemplo como en 1904 era tesorero del círculo de La Unión, siendo asiduo a bailes y representaciones teatrales tal y como relata La Rioja en varias noticias.

Alejandro Sáenz de Tejada casó en Nalda el 9 de marzo de 1905 con Teresa Castells Angulo, hija de su cuñado Francisco Castells. Los recién casados fijaron su residencia en Nalda, donde pronto comenzó a tomar importancia social. En 1907 es presidente de la Junta municipal del Censo Electoral donde figura como uno de los mayores contribuyentes. A mediados de 1909 es concejal y a finales de ese año se convierte en alcalde.

Dejamos la narración en este punto, con la familia Sáenz de Tejada dueña de la totalidad del monte de Rivabellosa y una pinceladas de Alejandro Sáenz de Tejada, uno de sus integrantes y protagonista fundamental del comienzo de esta historia.


David Pardo García
torrecillacameros.blogspot.com


11 de marzo de 2020

La "Gripe Española" de 1918 en Torrecilla en Cameros

En estos días estamos inmersos de lleno en una epidemia totalmente novedosa para todos nosotros, y por suerte o por desgracia, a cada instante nos llega información y datos, veraces o no, desde las más diversas fuentes. 

La incertidumbre de a que nos enfrentamos nos hace siempre tratar de buscar comparaciones con otras cosas o circunstancias ya pasadas para tratar de buscar una explicación de como puede evolucionar la situación. Son muchos los que dada la coincidencia parcial de varios síntomas, tratan de comparar el coronavirus actual con la gripe. 

Pese a que los profesionales sanitarios ya han tratado de explicar que nada tiene que ver una y otra enfermedad he visto durante estos días varias publicaciones que se hacían eco de la epidemia de gripe ocurrida en 1918 para tratar de hacer comparaciones, no muy afortunadas, por cierto.

Hospital improvisado en Kansas (EEUU)

Aunque la evolución actual de la enfermedad es todavía una incógnita, poco o nada tiene que ver con la situación vivida en 1918. La virulencia, mortandad y concreción en un corto espacio de tiempo, fue tan grande que pasó a la Historia como la mayor pandemia que jamás había sufrido y registrado la humanidad, salvo quizás la Peste Negra de mediados del XIV de la que no existen datos fiables pero se dice, diezmó la población de Europa y despobló las ciudades.

En el número 138 de la revista El Serradero, coincidiendo con su centenario, publiqué un artículo sobre como Torrecilla sufrió y afrontó la epidemia de gripe. En el podemos ver como la villa y sus gentes afrontaron la enfermedad con los escasos medios disponibles, aquel octubre de 1918.

En el siguiente enlace se puede consultar el artículo completo. De su lectura cada uno puede sacar sus conclusiones y comparaciones con la situación actual, pero lo que si es cierto es que la situación vivida debió ser dramática para los vecinos de Torrecilla y la población mundial en general:

17 de febrero de 2020

La industria del mueble en Torrecilla en Cameros (II): La industria en Torrecilla hasta comienzos del siglo XX

Al hablar de la Industria en Torrecilla no podemos entender la palabra Industria con el significado actual de una instalación fabril con maquinaria, materia prima y personal dedicada a la producción en masa de un bien de consumo. No será hasta comienzos del XIX cuando surjan las primeras “fábricas de paños” que se asemejen algo a lo que entendemos actualmente por un fábrica.


Anteriormente a todo ello, la economía era predominantemente doméstica y desde la Edad Media giró principalmente en torno a la ganadería ovina. En un principio de subsistencia, fue adquiriendo importancia y regulándose hasta convertirse con el devenir de los años en la única y principal industria de los Cameros y por ende de Torrecilla. Se trabaja en un pastoreo trashumante en el que con los primeros fríos de otoño, por puertos y cañadas, grandes rebaños de ovejas con sus pastores huían del duro invierno serrano hacia los pastos de las lejanas y más cálidas tierras extremeñas, andaluzas o manchegas para regresar a casa con la primavera. Pero hablando de una fábrica entendida como edifico que contiene los medios de producción de un bien en el que prestan sus servicios empleados a cambio de un salario, dos son los casos más destacados en Torrecilla. En 1826, Diego Antonio Martínez de Pinillos comienza la construcción junto a su batán del río San Pedro de la que sería un molino papelero “en el sitio de Maderón junto a las márgenes de este rio Iregua”. Años después se asociaría con su yerno Manuel Mª Vallejo. La creciente demanda de papel, su uso para el embalaje de los paños producidos y la disponibilidad de tejidos excedentes de la fabricación de los que extraer las fibras vegetales necesarias para fabricar dicho papel, pudieron ser las causas del nacimiento de esta industria. En los años 40 el molino de Maderón diversificó su oferta como posible salida al exceso de papel y cartonaje dedicándose además a la fabricación de naipes, toda una novedad provincial, o de librillos de papel de fumar. Muertos los dos socios, se hizo cargo del negocio la esposa e hija de ambos, María Martínez de Pinillos.


Envoltorio naipes de los Srs. Pinillos de Vallejo
Naipes fabricados en Torrecilla

















Unos años más tarde, en 1839, serán Manuel José Sáenz de Tejada y Casimiro Sorzano los que ,tratando de seguir la estela de éxito de los anteriores, edifiquen otro molino papelero en el término de La Huesera que perduraría unos veinticinco años. Tras diversos avatares que veremos, dará origen a la fábrica de muebles que remodelada y ampliada llegará en funcionamiento hasta 1969.
Fuente: Censos de población del INE
Nos vamos encaminando poco a poco al año 1917, fecha en la que según dijimos en la primera entrega, comienza esta historia. Antes intentaremos despejar la incógnita de quien, y gracias a que condicionantes, se plantó la semilla de la futura Industria del Muebles en Torrecilla en Cameros.

Si bien en un principio, el objetivo primordial era la exportación lanera desde los puertos del Cantábrico hacia las fábricas de Flandes y el norte de Europa, la explotación ganadera favoreció paulatinamente la implantación de una cada vez más importante industria textil propia en los Cameros. Se fue creando una amplia red de familias enriquecidas y ennoblecidas, grandes propietarios ganaderos y textiles, muchas de la cuales fueron diversificando y enfocando sus negocios hacia Europa y América. Se establecieron Reglamentos y Normas para asegurar una producción homogénea y de calidad ante la proliferación productores y diversificación de productos.

El siglo XVII y primera mitad del XVIII habían de ser la época dorada de esta industria lanera. Los datos del Catastro del Marqués de la Ensenada para Torrecilla en 1753 nos pueden dar una muestra de la situación económica e industrial de la villa y la dependencia de sus alrededor de 450 vecinos (entiéndase vecino por unidades familiares) casi en exclusiva de la ganadería lanar y la industria pañera. Había 130 tundidores y fabricantes de paños, 22 percheros, 3 prensas y el gran lavadero de lanas junto al Iregua de los Manso de Velasco. En todas estas instalaciones se producían principalmente paños y bayetas. Se contabilizaban hasta 74 trajineros que se dedicaban al transporte de cargas de paños elaborados y de materias primas como lana o cardas hasta lugares tan remotos como Galicia desde donde regresaban con otros bienes de consumo que vender en Torrecilla.

Pero esta situación representaba el punto álgido de un negocio que habría de decaer en la segunda parte del siglo. Aunque ya en 1730 se empezó a sentir los efectos del alza de impuestos a los ganados trashumantes, no será hasta años posteriores cuando los efectos de la política ilustrada contra los privilegios del Honrado Concejo de La Mesta la hagan entrar en un proceso irreversible de decadencia.

Una grave crisis económica provoco el alza de precios agrícolas, de los pastos y la pérdida de cabezas de ganado. La progresiva mecanización de la industria lanar con la consiguiente mejora de las calidades, y por lo tanto, la necesidad de inversiones para mantener la pujanza en los mercados, fue acabando con la industria tradicional en muchas localidades serranas, en la que como en Torrecilla, era su sustento principal. En apenas un siglo la antigua y pujante industria pañera camerana se vino abajo.

Tan sólo localidades como Torrecilla o Soto supieron adaptarse a la situación y arrancar el siglo XIX con una industria textil en renovación y parcialmente mecanizada aprovechando siempre la fuerza motriz de las corrientes de agua disponibles. En nuestro caso, los ríos Iregua, San Pedro y Campillo  serán los cauces en los que se construyan e instalen batanes, tintes, máquinas de cardar e hilar y en definitiva pequeñas, primitivas y rudimentarias instalaciones fabriles. En cualquier caso esta mecanización parcial fue poco afortunada y no debió ser suficiente para competir con zonas punteras como Cataluña.

En la segunda mitad de siglo, la trashumancia ha desaparecido, ya no se construyen nuevas instalaciones y las que no se cierran y abandonan, se alquilar o se dividen en función de herencias. Finalizará el siglo XIX con una única fábrica propiedad de Pedro Sáenz-Diez Ibarra con un tinte, un batán, una prensa y diez telares que será el punto final de la industria lanera y textil en Torrecilla cuando cierre años más tarde.

En lo que hace referencia a otros negocios, en todas las épocas hay artesanos que producen o comercializan otros bienes de consumo a pequeña escala como carniceros, panaderos o chocolateros. Junto a ellos profesionales de oficios varios como canteros, zapateros, cisqueros, carpinteros o herreros, todos con una producción artesanal, escasa y bajo demanda.

Todos estos datos nos muestran que pese a la dificultad de la orografía y la climatología, Torrecilla venía siendo un importante centro industrial a mediados del siglo XIX. Sin embargo en los años finales y el cambio de siglo vieron cerrar estos negocios, y como la mayoría de los pequeños pueblos serranos vuelven a una economía agrícola y ganadera casi de subsistencia.

En esos años, la natalidad se mantiene a la par que la mortalidad infantil disminuye lo que provoca un excedente de mano de obra joven. A la grave crisis económica se suma la gran crisis demográfica provocada por la emigración de esa gran masa de jóvenes cameranos desocupados principalmente hacia Argentina y Chile tratando de “hacer las Américas” con dispar fortuna. En los 50 años que van de 1860 a 1910, Torrecilla pasaba de 1961 a 1182 habitantes, es decir, perdía casi el 40% de sus habitantes.

Esto decía el diario La Rioja el 2 de noviembre de 1911: “Son tantos los que emigran de este pueblo para América, que reina el mayor pesimismo sobre la suerte que va a correr Torrecilla en un corto número de años”. Al año siguiente, un 10 de octubre el mismo periódico relataba: “La emigración de gentes de este país va en aumento, y claro es que cada vez se quedan estos pueblos en peor situación. Mañana salen para América unas cincuenta personas, sólo de Torrecilla y Nestares”. Esta fuga de jóvenes continuaría hasta 1930 con el paréntesis obligado de la I Guerra Mundial (1914-1918) en la que la navegación trasatlántica se hizo muy difícil.

La situación de crisis económica, social y demográfica sería irreversible para la mayoría de los pequeños municipios serranos de La Rioja que se manifestará en el siglo XX. Sin embargo, Torrecilla en Cameros remontará esta situación y todavía tendría una nueva época de esplendor en años posteriores, a nuestro criterio, sin duda ligada a la industria que nos ocupa. Veremos aumentar poco a poco la actividad económica a la par que volverá a aumentar la población, sin llegar eso sí, a los niveles del siglo anterior. 


11 de febrero de 2020

La industria del mueble en Torrecilla en Cameros (I): Motivos de este trabajo

Aquella mañana del 25 de octubre de 1917 tres hombres entraban por la puerta de la notaría torrecillana de Antonio Alaminos García. Sin saberlo, estaban próximos a cambiar el transcurrir de la vida de la localidad y sus gentes en las próximas décadas.

Fábrica de muebles de La Huesera (años 60)


Este 2019 se han cumplido 50 años de la marcha de la fábrica de muebles de Manuel Pascual Salcedo de Torrecilla, pero lo que quizás la mayoría de los torrecillanos desconozcan, es que en 2017 se cumplió el centenario del nacimiento de la que bien podríamos denominar “Industria del Mueble en Torrecilla en Cameros”. Todos tenemos en mayor o menor medida presente el nombre de esa empresa y la fatídica fecha de marzo de 1969, pero lo que a buen seguro muchos desconocen, es que no fue la única, ni tan siquiera la primera empresa dedicada a la fabricación de muebles en Torrecilla.

Soy fruto de la mezcla entre aquellos jóvenes torrecillanos que abandonaban con incertidumbre su localidad natal y los jóvenes vianeses que los acogían con cierto recelo. Una de las primeras generaciones que vino al mundo en Viana oyendo las historias que su padre y su abuelo le contaban de su localidad natal, de su juventud, de sus tradiciones, de sus antepasados y por supuesto de sus trabajos. Es pecado de juventud no prestar la suficiente atención para retener todas aquellas historias, y cuando maduramos y somos conscientes de ello, es demasiado tarde para muchos de ellos que ya nos han abandonado. De cualquier modo, quedó una semillita que en los últimos años ha germinado gracias a mi interés por la historia y por rellenar esos huecos dejados en aquellas narraciones de juventud.

He oído hablar de los motivos finales de la marcha de la fábrica de Manuel Pascual Salcedo de Torrecilla en versiones muchas veces opuestas. He leído prensa y documentación de la época y siempre he tratado de imaginar lo que pudo suponer para un pueblo como Torrecilla esta marcha, no sólo de la fábrica, sino la de sus gentes y el consiguiente abandono de sus raíces. Pero la respuesta es siempre la misma, salvo los que lo vivieron en sus propias carnes, nadie más es consciente de lo que supone pasar por ello. Quizás los inmigrantes del siglo XXI que hoy llaman a nuestras puertas nos ayuden a comprender lo que es dejar atrás tu tierra, tu familia y tus raíces, en busca de un futuro para ti y los tuyos.

Portada de Catálogo de muebles de los años 30

De una manera u otra la mayor parte de los habitantes de Torrecilla a comienzos de los años 60 dependían económicamente del jornal en la fábrica de muebles. La mayor parte del pueblo compaginaba su escasa hacienda propia, unos cuantos animales para el sustento familiar y un pequeño aunque estable jornal en la fábrica de muebles del cabeza de familia y sus hijos mayores. Era época de desarrollo nacional en todos los sentidos, llegaban los turistas y sus divisas, aumentaba el consumo y se desarrollaba la industria a pasos agigantados. Se empezó a pensar en una ordenación de la industrialización del país y se comenzaba a oír por primera vez acerca de los Polos de Desarrollo Industrial. Por desgracia Logroño se quedaba fuera del reparto de favores y juego político que suponía la concesión de uno de esos Polos con la consiguiente lluvia de dinero público, bonificaciones y exenciones fiscales.

Sé que durante años ha sido un tanto delicado tratar el tema entre los torrecillanos que quedaron o los entonces padres de familia emigrados. No sucede lo mismo con aquellos jóvenes, hoy ya convertidos en padres y abuelos, más abiertos a los cambios, a las nuevas experiencias que el futuro les deparaba y que no tardaron en integrarse allí donde recalaron. De cualquier modo me gustaría llegar a tratar en ocasiones posteriores las posibles causas que motivaron la marcha de la industria de Torrecilla, y como no fue solo una, sino un compendio de ellas las que hicieron irreversible una decisión que se llevaba sopesando prácticamente una década antes.

Me gustaría trasmitir la excepcionalidad del caso y la importancia que supuso para todo un pueblo la presencia de una gran industria para la fabricación de muebles en cuanto a su desarrollo humano y económico. Mostrar cómo la vida dependía y giraba literalmente entorno a una fábrica. Cómo los problemas en ella repercutían en los vecinos de Torrecilla o viceversa. Baste decir que soy el único de las últimas cinco generaciones de mi familia que no ha trabajado en la fábrica de muebles, para entender el grado de penetración de esta industria en el vecindario torrecillano. Haciendo un símil industrial, la fábrica era el motor de la villa y sus trabajadores el combustible que la alimentaba.

Aunque en futuros artículos puedan primar aspectos históricos, económicos o demográficos no se puede dejar de lado el factor humano. Lo que supuso esos 52 años personalmente para los vecinos de Torrecilla y el brusco cambio de localidad solo lo pueden narrar con exactitud sus protagonistas. Por desgracia, año tras año nos van dejando las generaciones que lo protagonizaron y es a ellos a los que me gustaría dedicar este y próximos artículos. Sólo ellos son los autorizados para contar sus experiencias personales y es a ellos a los que me dirijo para solicitar su colaboración en todo lo que les sea posible para poner un punto de vista común en la historia de una fábrica de muebles que no solo fue de Manuel Pascual Salcedo sino de todos los torrecillanos.

Vamos a comenzar esta tarea con unos primeros capítulos dedicados a los orígenes de esta peculiar industria en Torrecilla, de la que como hemos dicho, en 2017 cumplió el centenario, y que a buen seguro será totalmente novedoso para el lector de este blog.

Por último, haciendo hincapié en lo dicho, me gustaría hacer un llamamiento al lector de este blog, a ex-trabajadores de Salcedo y a los torrecillanos y vianeses en general que quieran colaborar y formar parte de nuevas entregas, a hacer llegar cualquier tipo de sugerencia, documentación, fotografías o testimonio personal que complete esta narración, que en la medida de lo posible, es deseable fuera colectiva en recuerdo de todos los trabajadores con cuyo esfuerzo se construyó la “Industria del Mueble en Torrecilla en Cameros”.

David Pardo García
pardodavid77@yahoo.es
Tel: 660843776

12 de enero de 2020

Notas sobre el sistema electoral español en el siglo XIX

Fue con las Cortes de Cádiz y la promulgación de la Constitución de 1812, la conocida Pepa, cuando se plantó la semilla de la España moderna y de un sistema “democrático” con todas las comillas y reservas que nos podamos imaginar
Las Cortes reunidas en Cádiz, el único territorio peninsular no ocupado por las tropas francesas de Napoleón, se dedicaron durante varios meses a dar forma a lo que se pretendía fuese una nación moderna. Pero tampoco nos llevemos a engaño, no se pretendía dinamitar con una revolución burguesa la estructura de poder como había sucedido dos décadas antes en Francia. Predominaban entre los diputados llegados desde todas las provincias peninsulares, de América, e incluso uno de Filipinas, lo que hoy denominaríamos conservadores. No faltaba la nobleza, el clero y afines a la monarquía.  Sin embargo, pese a ello, se había llegado al convencimiento general que las cosas debían cambiar.
Promulgación de la Constitución de 1812 (Salvador Viniegra)
El sistema liberal nacido en 1812 partía desde cero desarrollándose, no sin dificultades, entre los que lo consideraban corto y lento, y los que les parecía demasiado liberal. Se hubo de enfrentar a las lógicas reticencias de Fernando VII, todopoderoso monarca absoluto que se resistía a enterrar el Antiguo Régimen pese a que entre 1812 y 1814 diera apariencia de acatarlo.

No vamos a extendernos en todo lo que vino a continuación pues ya habrá ocasión de abordar cada etapa y como se vio desde una pequeña localidad de la serranía de la todavía inexistente Rioja.
Se alternaron periodos liberales y absolutistas. Un golpe de estado del propio Rey dio paso a un nuevo periodo absolutista (1814-1820), el pronunciamiento de Rafael del Riego en Cabezas de San Juan con las tropas que iban a sofocar la rebelión independentista americana dio paso al Trienio Liberal (1820-1823), la entrada de los 100.000 hijos de San Luis franceses y la vuelta del absolutismo en la Década Ominosa (1823-1833).
Con la muerte de Fernando VII en 1933 se habría el problema sucesorio al no tener hijo varón y dejar una niña de tres años, la futura Isabel II. Los liberales tomaron la causa de Isabel frente al partido absolutista que lo hacía por su tío Carlos Mª Isidro. La victoria de los primeros en la Guerra Carlista (1833-1840) supuso la instalación definitiva en España de un sistema liberal, nuevamente con todas las reservas que podamos poner.
Como ya se había establecido en Cádiz, la soberanía residía en la Nación y la potestad de hacer las leyes residía en la Cortes con la Reina. Pero, al igual que recientemente en un famoso juicio en el que estuvo involucrada cierta persona de la Casa Real uno de los testigos dijo aquello de que lo de “Hacienda somos todos” era un simple recurso publicitario; el que redactó lo de que la soberanía reside en la Nación debía estar pensando en algo similar.
La preconizada igualdad de todos ante la ley, excluía a la inmensa mayoría de la población del sistema electoral en un sufragio censitario y capacitario. Solo tenían derecho a votar y ser elegidos aquellos que declarasen un cierto nivel económico en base al pago de impuestos o aquellos que por su profesión u oficio se determinaba merecedores de tal condición: médicos, abogados, clérigos,…
No vamos a entrar aquí en las disquisiciones de por qué se negó este derecho a la mayor parte de las personas, si fue por facilitar el control del proceso en aras del beneficio de ciertas clases sociales, o por el verdadero convencimiento de que una población mayoritariamente rural y analfabeta no sería capaz de discernir y elegir con acierto.
Valga de ejemplo que la elección de los diputados de las primera cortes de Isabel II de 1834 en base a un Decreto de urgencia por no existir ley electoral, el censo nacional lo componían solo 16.000 personas. Las condiciones exigidas por la nueva Ley de 1836 ya lo elevó a 65.000, aun así era solo el 0,50% de la población total. Se sucedieron las elecciones, siempre referidas a Cortes ya que el tema municipal todavía no se había planteado. Se sucedieron las leyes, pero el problema continuaba. En 1846 se elevó de 200 a 400 reales anuales para poder ser elector lo que restringía todavía más el censo.
La verdadera evolución, o más bien revolución del sistema electoral llegará con la llamada Revolución Gloriosa de septiembre de 1868 que acabó con el derrocamiento y exilio de Isabel II. Una de las promesas del nuevo Gobierno Provisional, del que un joven torrecillado Práxedes Mateo Sagasta era su Ministro de Gobernación, era la instauración del Sufragio Universal. España se unía así a la ola europea de países como Francia, Alemania, Suiza o Dinamarca que lo habían adoptado desde 1848. Cualquier varón español mayor de 25 años podía participar libremente en los procesos electorales entre los que se incluían, esta vez sí, las elecciones municipales.
Gobierno Provisional de 1868 (Sagasta, 1º izq. pie)
Alegoria Revolución Gloriosa (1868)

Pero la aventura y reformas del nuevo Gobierno y la nueva monarquía constitucional de Amadeo I de Saboya terminaron con la rápida salida con pies en polvorosa del joven Rey rumbo a Italia. Se votó en Cortes la instauración de una frenética, caótica y corta República que en 11 meses contó con cuatro Presidentes y acabaría con un golpe de estado de Manuel Pavía entrando con militares y Guardia Civil en el Congreso cuando se pretendía elegir a un quinto Presidente tras la dimisión del anterior por la pérdida de una cuestión de confianza. En 1981 en plena sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, Antonio Tejero intentaría algo similar. Quién sabe si la inspiración le había llegado de un siglo antes. La Presidencia-Dictadura del general Serrano, que estaba metido en todos los saraos y bandos desde hacía décadas, acabó igualmente con otro golpe de estado que trajo la vuelta de los Borbones en la persona de Alfonso XII hijo de la reina exiliada. La breve aventura del Sufragio Universal había durado el corto periodo de 1868 a 1874 y pasaría a la historia como el Sexenio Democrático.
Pero no nos llevemos a engaño por la terminología ya que el sistema estaba manipulado desde el principio con los procedimientos fraudulentos que estarán presentes durante todo el siglo XIX y comienzos del XX.
Sagasta como un trilero jugando con el sistema electoral
Revista La Carcajada. 12 de abril de 1871

La Restauración borbónica trajo el turnismo o alternacia pacífica pactada entre los conservadores de Antonio Cánovas del Castillo y los progresistas de Sagasta. Desde el principio se estableció la vuelta al sufragio censitario y a un sistema caciquil del control del escaso electorado con derecho al sufragio activo y pasivo sobre todo en el mundo rural y pequeñas ciudades donde era más fácil llevarlo a cabo.
Ley electoral de 26 de junio de 1890
Pese a que el sistema funcionaba bien una ola democratizadora atravesaba Europa. En ese contexto, el retorno al sufragio universal fue más el resultado del cálculo político que de las convicciones democráticas. Sagasta lo aceptó para mantener unido al partido liberal y evitar una escisión de los sectores más progresistas, y desde los conservadores se asumió con la tranquilidad de que la Monarquía no perdería sus prerrogativas y la constatación de que podía continuar siendo manipulado desde el Gobierno. Así se promulgó la Ley de 26 de junio de 1890 que por primera vez permitía el voto a todo varón mayor de 25 años.
Pese a la teórica universalización del sufragio, los partidos del Turno no renunciaban a método que tan bien les estaba funcionando y se aseguraron de que así continuase. Muchas veces el control directo del electorado no era suficiente por lo que se había de recurrir a un amplio abanico de alternativas: el voto de fallecidos, que misteriosamente resucitaban en vísperas de los comicios; la eliminación del censo de votantes confesos rivales por motivos dispares; la compra directa del voto por una cantidad económica; coacciones para obtener un jornal al servicio del señor posteriormente y la más burda, el conocido como pucherazo o cambio sin rubor alguno de la urna completa llena de papeletas por otra con el resultado establecido.
Esto decía un libro de la época sobre el sistema electoral español:

“los individuos, unas veces por ignorancia, otras por mala voluntad, apelan a todos los medios para alcanzar la victoria en las campañas electorales, desde el uso de recursos tan groseros como las comilonas y francachelas, o tan criminales como el cohecho o el soborno, hasta el empleo de aquellos otros que sirven de aguijón al interés, al egoísmo, a la vanidad o al amor propio, todos se utilizan sin escrúpulo por los candidatos y sus agentes y todos se aprovechan sin remordimiento por los electores… si hemos de dar crédito a los datos reunidos hace cuatro años por los representantes de Inglaterra en el Continente por encargo de su gobierno, resulta que los dos países en que la inmoralidad de electores y candidatos es mayor son Hungría y España, y los dos en los que el poder ejecutivo interviene más de un modo ilegal y abusivo en las elecciones son Portugal y España. ¡Qué honor para nuestra patria el figurar a la cabeza de ambos aspectos!”
Revista satírica
 

Todo el mundo sabía el funcionamiento del sistema y ambos partidos lo aceptaban abiertamente pues en la siguiente ocasión serían ellos los beneficiados. Muestra de esta hipocresía política está en la Ley de 1907 que establecía que en aquellas circunscripciones en las que sólo había un candidato, siendo las condiciones para presentarse casi imposibles para la mayoría de la población, se le proclamaba automáticamente. 
Este sencillo artículo eliminaba de un plumazo la posible competencia electoral de tal modo que con un sencillo pacto entre partidos se aseguraba el único diputado de la circunscripción. De este modo hubo elecciones en las que la mitad del Congreso se eligió directamente sin dar posibilidad a la población de pronunciarse.
Revista satírica, los muertos se levantan a votar.

Más tarde vendría la crisis de este sistema agotado y superado por una Sociedad más plural, madura y formada que demandaba cambios en el sistema de representación. El golpe de estado de Miguel Primo de Rivera auspiciado por el propio rey Alfonso XIII acabó con el Sufragio Universal y a la postre con la propia monarquía. 
La Constitución de 1931 de la II República reconoce el derecho del sufragio universal, y esta vez sí, también el femenino. Será en las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933 cuando las mujeres ejerzan en España por primera vez el derecho al voto y por lo tanto, podamos decir que, por primera vez existió en España un Sufragio Universal igual, directo y secreto para todos sin distinción de sexo, riqueza, trabajo, clase social o cualquier otro tipo de discriminación.
Sirva este somero repaso general al sistema electoral español del siglo XIX como base para situar en su contexto cronológico las próximos artículos que traten sobre los distintos procesos electorales dedicados específicamente a Torrecilla en Cameros que puedan aparecer en este blog.

28 de diciembre de 2019

¿El Kaiser Guillermo II en Torrecilla en Cameros?



Durante décadas, tal día como hoy festividad de los Santos Inocentes, era frecuente la aparición de noticias de diversa índole en los medios de comunicación a cual más inverosímil, tratando de sorprender y llamar la atención del curioso lector e incluso de pasar desapercibida entre los más crédulos. No se trataba de noticias de relleno escondidas en páginas interiores, más bien se anunciaban en primera página de los medios escritos incluso en los titulares de los medios audiovisuales.

Todavía recuero cuando era niño aquel día como hoy en el que el informativo del Servicio Territorial de TVE en La Rioja abría con el inicio de la ejecución de las obras del Metro de Logroño. El corte televisivo incluía a dos operarios, pico, pala y botijo en mano, abriendo una zanja en plena calle logroñesa. O aquella en que el gran Fernando Romay, pívot del Real Madrid de baloncesto con 2,13 metros de altura y más de 140 kg de peso, aparecía en pleno informativo montado en un “pobre” caballo diciendo cambiar las canchas por las carreras en el hipódromo.

Hay diversas teorías sobre cuándo empezó la tradición, porqué el 28 de diciembre, si tiene que ver con la conocida matanza de niños en tiempos de Herodes o con la festividad romana de las Saturnalias en las que la broma y el intercambio de roles estaban permitidas por unos días y en las que no vamos a entrar por no ser el tema.

Hoy en día, se lleva lo políticamente correcto, los medios de información consideran que incluirlas merma la credibilidad del resto de la información y, lo que es peor, la cruda realidad nos da muestras a menudo de superar estas noticias por absurdas que sean. De este modo la tradición ha ido menguando en las últimas décadas quedando prácticamente entorno a las redes sociales y relaciones personales.  

Sobre cuándo comenzó esta costumbre en la prensa escrita no hay fechas exactas, pero sirva de ejemplo la siguiente noticia aparecida un 28 de diciembre de 1907 en un periódico tan conservador como el ABC, y en un asunto tan serio como la sede de la Soberanía Nacional, para mostrar cómo incluso los más serios se unían a lo que hoy denominaríamos “fake news” (noticias falsas).


  
ABC, 28 de diciembre de 1907




























El 28 de diciembre de 1924 aparecía en el periódico La Rioja la noticia de la que nos hacemos eco aquí. En la crónica remitida el día anterior por el corresponsal local se mencionaba la aparición de un misterioso aeroplano sobre las cimas de El Serradero que hubo de realizar un aterrizaje de emergencia en los terrenos de Campopo. Hasta el lugar se trasladó parte del vecindario viendo apearse del avión a tres misteriosos personajes con indumentaria y lenguaje extranjeros.

Gracias a la labor del médico local Fausto Hernández, pudieron comunicarse con los visitantes haciendo notar ser originarios de Alemania y que el aterrizaje se debió a una avería mecánica. Con la intervención del joven Jesús Fernández con conocimientos en mecánica aeronáutica de su servicio militar, se puedo solventar el problema provisionalmente hasta el día siguiente en que partirían hacia Logroño para solucionar el tema definitivamente.

Hasta aquí una simple noticia curiosa en un pueblo serrano poco acostumbrado a ver sobre sus cielos este tipo de aeronaves. Pero continúa la noticia afirmando que a tenor de la apariencia física, no dudan ni el medico local, ni el corresponsal (que sólo sabe de ello por la información facilitada por el doctor) en que tan ilustre pasajero se trataba del mismísimo exKaiser de Alemania, Guillermo II que hubo de aterrizar de emergencia por la avería y las nieblas de aquel día.

Pese a la fecha, el título y su contenido, no parece que se trate de una inocentada del periódico o corresponsal local, pero queda a criterio del lector de este blog aportar su opinión personal.

La Rioja, 28 de diciembre de 1924 (I)

La Rioja, 28 de diciembre de 1924 (II)



….mañana desvelaremos la respuesta.

El mismo día se publicaba la crónica del corresponsal de Nájera haciendo observar también la admiración que en la ciudad del Najerilla había ocasionado el aeroplano y como tras sobrevolarla se perdió sobre las cumbres de El Serradero, sin duda dirección a Torrecilla.

Difícilmente los dos corresponsales se podían haber puesto de acuerdo en la noticia por lo que podemos asegurar la veracidad de la información, no así la correspondencia del piloto con tan ilustre emperador alemán.